Josu Jon Imaz en la Casa Blanca

Conocí a Josu Jon Imaz en la inauguración de un hipermercado de Eroski en Bizkaia. Era consejero de Industria y Comercio del Gobierno vasco, a principios de los 2000. Luego fue presidente del PNV y más tarde CEO de Repsol. Me pareció una persona sensata y preparada. Ayer lo vi en una reunión de empresarios petroleros en la Casa Blanca diciéndole a Trump que, si hay garantías y seguridades jurídicas y políticas, triplicará la inversión en Venezuela.

Leo unas declaraciones de Iñaki Anasagasti hablando de la equidistancia del gobierno de Pedro Sánchez sobre lo ocurrido con Maduro y compruebo las diferencias que existen entre los que lo apoyan desde la conveniencia ideológica y los que lo hacen desde el pragmatismo. No todos cierran filas en la condena a Trump o, al menos, no lo hacen de la misma manera. Anasagasti ensalza a Imaz y éste se apresta a colaborar con lo que dicen que será la recuperación económica de Venezuela, incluida en una de las fases que describe Marco Rubio antes de una transición definitiva a la democracia.

En España no hay unanimidad ante estas cosas porque a cada uno le mueven intereses diferentes para la supervivencia. El PNV gobierna en Euskadi con el apoyo de los socialistas, y estos lo hacen en Madrid teniendo que conformar a una izquierda que incluye a Podemos y a Bildu. Ante estas coyunturas es lógico que cada cual busque acomodo en un debate que muestra demasiadas aristas.

La praxis del mundo actual y del de siempre está basada en principios económicos. Las ideologías adecúan esos principios a sus posicionamientos básicos y estratégicos. Nunca van a coincidir y se alinean con los bloques que tradicionalmente les resultan más próximos y cercanos. El argumento tradicional es el petróleo, pero aquí hay un fuel malo y otro bueno en función de quien se lo lleve. El de Josu Jon Imaz era bueno hasta ahora, y representaba la imagen de prosperidad de un país que bate récords en desarrollo económico. Ahora, por mor de Maduro, de Venezuela, de Delcy y de Trump, ya no es así.

En estas contradicciones vivimos mientras la escena nacional se divide en torno a la conveniencia de parte de los debates televisivos. Josu Jon representaba la solvencia empresarial de nuestra empresa petrolera, y ha prestado su colaboración, seguramente interesada, para dar salida a la dictadura venezolana bajo un prisma de relativa esperanza. Como respuesta aparece la consigna ideológica de que todo lo mancha el petróleo, cuando en realidad el petróleo puede ser una de las claves para la salida de la crisis.

Mientras Josu Jon Imaz está en la Casa Blanca -para muchos la casa de los demonios- aquí nos ventilamos con los juicios del juez Garzón, los artículos incendiarios de Antonio Maestre, las justificaciones de Echenique y las sentencias del sabio Ramoncín. Estas son las caras múltiples de la política española. En medio un PSOE dividido que no sabe a dónde mirar ni dónde situarse para estar en el lugar oportuno.