“Escribí esta canción el sábado, la grabé ayer y la presenté hoy en respuesta al terrorismo de Estado que asola la ciudad de Minneapolis. Está dedicada a la gente de Minneapolis, a nuestra inocente vecindad inmigrante y en memoria de Alex Pretti y Renee Good. Mantente libre”.
Bruce Springsteen
La página web del cantante estadounidense recoge estos días cómo gestó su última canción: Streets of Minneapolis, una respuesta, dice, al “terrorismo de Estado que asola” a la ciudad más poblada de Minnesota.
El pasado sábado, 24 de enero, Alex Pretti fue abatido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos tras ser rociado con gas pimienta y reducido en el suelo. Con anterioridad, el 7 de enero, Jonathan Ross, también agente del ICE, mató a bocajarro a Renée Good después de dispararle tres tiros. Estos sucesos han enfurecido a la población y al Boss, quien ha calificado al ICE como “el ejército privado del rey Trump”.
El pendenciero presidente republicano ha desplegado tres mil agentes del ICE en la populosa Ciudad demócrata en el marco de una campaña de redadas para deportar a migrantes en todo el País. Con lo que no contaba el arrogante dirigente es con la resistencia a la ocupación y con que estas dos muertes, a todas luces gratuitas, enervasen a la opinión pública. El gabinete de crisis activado al efecto provocó el nombramiento de un jefe migratorio en Minneapolis, Tom Homan (el zar de la frontera), con el objetivo de restaurar la ley y el orden, y promover un plan de desescalada. No obstante, la consigna no ha variado un ápice: continuar con la mayor deportación de la historia de Estados Unidos.
Lascríticas de Springsteen a Donald Trump no son nuevas. Se remontan a 2016, cuando el magnate presentó por primera vez su candidatura a la Casa Blanca. Entonces, pidió que en sus mítines dejara de sonar el tema Born in the USA. Diez años más tarde, la animadversión se ha agudizado. En un concierto reciente celebrado en Nueva Jersey, le dedicó la canción The Promised Land a Renee Good, subrayando que el ICE debía irse “de una puta vez” de Minneapolis.
A sus 75 años, la estrella mundial del rock ha emprendido una cruzada contra el déspota millonario, incluso fuera del Gigante del Norte. En mayo del año pasado, durante un concierto en Manchester, calificó al Gobierno de su patria de “corrupto, incompetente y traidor”. Le acusó, además, de coartar la libertad de expresión, de fustigar a la clase trabajadora, de expulsar a residentes sin el debido proceso, de ponerse del lado de dictaduras, de abandonar a la infancia más pobre del Mundo o derevertir leyes históricas en pro de los derechos civiles. La respuesta, claro, no se hizo esperar: “Este rockero reseco tiene la piel atrofiada y debería mantener la boca cerrada”.
Malos tiempos para la debilidad y siempre valientes para quienes, como Bruce Springsteen, ostentan la solidez de las palabras, “las únicas vencedoras”. Así lo expresa Salman Rushdie, que se asomó a la muerte en doce puñaladas fanáticas: “Si el poder posee el presente, la escritura posee el futuro”. ¿Consuelo?
En 1993 Streets of Philadelphia, escrita e interpretada por el Jefe, ganó el Óscar a la mejor canción original. Magnífica. Y turbadora la secuencia de la película Philadelphia en donde el abogado Andrew Beckett (Tom Hanks), ante un conmovido Joseph Miller (Denzel Washington), se derrumba escuchando a Maria Callas en el aria La Mamma Morta: “Yo soy la vida… Yo soy el amor, yo soy el amor…”. ¡Qué difícil todo! ¡Cuánto dolor!
“Contra el humo y las balas de goma, / a la luz del amanecer, la ciudadanía se levantó en nombre de la justicia, / y sus voces resonaron en la noche. / Y había huellas de sangre / donde debería haber habido misericordia”.

