Mi pariente Felipe Machado González de Chaves, excelente alcalde que fue del Puerto de la Cruz, tenía empleado a un chófer particular llamado Enrique y apodado el Buque, una leal y buenísima persona. Enrique era famoso por sus frases hechas y pongo un par de ejemplos. Felipe le regalaba ropa y zapatos que ya no usaba; y agradecido que estaba el hombre. Mi pariente le preguntaba a Enrique: “¿Tú qué número de zapato calzas?”. Y el chófer le respondía: “Todos, don Felipe”. Cuando salían por el portal de la finca con el coche, el atribulado conductor repetía siempre la misma frase: “Esto es una ratonera, don Felipe”. Un día iba en el vehículo uno de los hijos del alcalde, Miguel, y al enfilar Enrique la salida, le dijo al chófer: “Enrique, cállate, que lo voy a decir yo: Esto es una ratonera, don Felipe”. En mi pueblo hay personajes inolvidables. El Patito era un pescador, que llevaba a su hijo, el Patito chico, en la barca, cada madrugada, cuando el mar estaba bueno. Y tenía la manía de decirle al chico: “Boga, Patito, boga Patito”. A lo que el chico contestaba: “Estoy bogando, paye”. Una noche se lo dijo tantas veces que el chico, para no faltarle al respeto a su progenitor, le respondió: “Me parece que me voy a tener que cagar en la madre que parió a una persona que va en el bote y que no soy yo”. Pescaban los dos solos. Otro día les cuento la anécdota del Chico Tulo, un guardameta del C.D. Norte que en un despeje de puños, respondiendo a un lanzamiento rival, envió el balón a las cercanías del castillo de San Felipe, a una distancia de más de 300 metros de la portería. Récord Guinness, sin duda, si se hubiera contabilizado en tiempo y forma. Como no había otro balón, fue suspendido el partido. Todavía lo están buscando.
