tribuna

Las redes sociales, en el banquillo

El 29 de enero empezó en Los Ángeles la selección del jurado para el caso más famoso de unas 3.000 demandas presentadas contra las redes tan sólo en California. Hay otras miles de demandas parecidas en el resto del país. La demanda de Los Ángeles fue iniciada por una joven de 18 años identificada como K.G.M., que creó una cuenta de YouTube a los ocho años, otra de Instagram a los nueve, y otra de Snapchat a los once. No hay que ser un experto para darse cuenta de que existe un serio problema de adicción tecnológica: basta entrar a cualquier restaurante y ver a los jóvenes encorvados frente a sus celulares, sin hablarse. Hay muchísimos estudios que vinculan el uso excesivo de las redes con la ansiedad y la depresión. Jonathan Haidt, el profesor de psicología social de la Universidad de Nueva York y autor del bestseller La generación ansiosa, me dijo en una entrevista que las redes afectan especialmente a las niñas. Si eres una adolescente insegura y nadie te da un me gusta a tu foto en Instagram, te deprimes. Y si, además, tus compañeras se burlan de ti, es mucho peor, me explicó. Los abogados de los demandantes en Los Ángeles se están enfocando sobre todo en demostrar que las tecnológicas estarían programando a sus algoritmos para causar adicción, y esperan que estos juicios las obliguen a hacer cambios sustanciales. Por ejemplo, las redes como TikTok e Instagram podrían poner un límite al desplazamiento infinito de los posteos. Podrían, por ejemplo, cortar el servicio por media hora cuando alguien lleva demasiado tiempo conectado, dicen los abogados. Puede que las redes hayan sido simples transmisoras de contenidos hace tres décadas, pero hoy son por mucho los principales, si no los únicos, medios de difusión masiva. Deberían tener cierta responsabilidad por sus métodos y contenidos, igual que la prensa. La justicia tendrá la última palabra.

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