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Clima

El cambio climático es consustancial con la evolución de la naturaleza o de la vida en la Tierra, ha modelado durante milenios su ecosistema desde su formación. Sin embargo, tal como ha venido evolucionando desde la Revolución Industrial del siglo XIX y el progresivo calentamiento global fruto de las emisiones de gases de efecto invernadero en el presente siglo, su impacto devastador supera al provocado por las guerras o conflictos bélicos y de no mitigarse mediante la acción humana coordinada empeorará con el paso del tiempo. El poder destructivo de los fenómenos atmosféricos severos como los registrados recientemente en España, en Valencia en octubre de 2024 y en Andalucía, a comienzos del presente año, por citar un ejemplo cercano, ponen de manifiesto la gravedad de esta realidad que muchos políticos o agentes económicos no reconocen o niegan su evidencia. Incluso la mayoría de la población mundial no es consciente del riesgo que representa el abuso desaforado de los recursos naturales y el vertido incontrolado de residuos sólidos en los ríos y océanos, con el consiguiente impacto en la biodiversidad. Podría llegar el momento en que los recursos económicos y financieros resulten insuficientes para afrontar los gastos devengados por los desastres ecológicos globales o regionales.
En los últimos diez años, según estudios económicos, el impacto de los desastres vinculados al cambio climático en el planeta ronda los dos billones de euros; es decir, la deforestación, daños en la agricultura y ganadería, la sequía, los incendios, huracanes y riadas, entre otros. Siempre sería más rentable invertir en la prevención de los riesgos del cambio climático que en hacerles frente cuando ya no hay remedio. Pero esto requería una toma de conciencia global y no conformarse en gestos testimoniales de una minoría. Me atrevería a decir que matan más los desastres naturales y la contaminación generalizada que los conflictos bélicos.

*Periodista en la reserva y escritor

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