tribuna

Los estudios de doctorado como palanca transformadora de Canarias: el momento de la universidad pública

El pasado martes, 24 de febrero, vivimos en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna uno de los actos más trascendentes de nuestro calendario académico: la bienvenida al claustro de los nuevos doctores y doctoras que culminaron y defendieron su tesis doctoral en el curso 2024-25. Con ello, han accedido al más alto grado académico que puede alcanzarse en una institución universitaria y que, además, determina su capacidad para generar y transmitir nuevo conocimiento basado en el uso riguroso del método científico. De hecho, el doctorado es la principal -yo diría que la única- vía de entrada a la profesión investigadora. Y hoy, más que nunca, hablar de investigación es hablar de futuro. No del mejor futuro posible sino, más bien, del único futuro viable.

Es el único futuro viable desde el punto de vista económico. En este sentido, trato siempre de destacar que los estudios superiores son, sin ninguna duda y frente a lo que a veces se quiere hacer creer, la mejor vía de acceso al empleo. La Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2025, último dato disponible, nos indica que nuestra región presenta una tasa media de desempleo del 12,6%, que desciende en casi cuatro puntos, hasta el 8,9%, para las personas con titulación universitaria. Y, tal y como viene ocurriendo en los últimos registros, la tasa de paro de quienes cuentan con formación de doctor o doctora en nuestra región se halla cercana al cero por ciento.

Por eso es importante reforzar y destacar la conexión del doctorado con el tejido socioeconómico. En este sentido, quiero resaltar la reciente iniciativa del Cabildo Insular de Tenerife, en la que colaboramos activamente, dirigida a promover los doctorados industriales, que permite a empresas e instituciones de la isla acoger a estudiantes de doctorado, a través de un contrato laboral, para que desarrollen su tesis generando conocimiento aplicado a la resolución de un problema o al aprovechamiento de una oportunidad competitiva.

Gracias a ello, hoy podemos decir que las seis primeras personas acogidas a ese programa, todas ellas doctorandas de la Universidad de La Laguna, están ya generando valor en nuestro entorno socioeconómico. Confiamos en que esta magnífica iniciativa se fortalezca en los próximos cuatro años –aumentando los beneficiarios del programa- y se traslade también a otras instituciones locales y regionales de Canarias.

Pero, si desde el punto de vista económico el único futuro viable está en la investigación, no hay futuro posible para nuestra especie si renunciamos al conocimiento científico como fuente principal para la toma de decisiones. Sin embargo, a pesar de esta obviedad, no son tiempos fáciles para la orientación profesional hacia la ciencia. En estas pasadas semanas, la ofensiva anticientífica y populista, con epicentro en la administración estadounidense, consiguió que se derogara el dictamen emitido en 2009 por la Agencia de Protección del Medio Ambiente que determinaba científicamente el peligro que representan los gases de efecto invernadero y, por consiguiente, el uso de combustibles fósiles, en el cambio climático. Y esto lo ha hecho el gobierno del país que más contribuye, precisamente, a generar estas emisiones. Trágica adaptación, un siglo después, del ¡Muera la inteligencia! y el ¡Viva la muerte! del general franquista Millán-Astray.

Y esto está ocurriendo, mientras España se muestra como el país de la Unión Europea más afectado por los fenómenos asociados al cambio climático, liderando en 2025 las pérdidas económicas por episodios extremos. En un completo trabajo científico de reciente publicación se demuestra la trágica vinculación del calentamiento global con la catástrofe climática más letal sucedida en España hasta el momento, en octubre de 2024, como fue la Dana de Valencia, concluyéndose que hemos de prepararnos para eventos futuros nunca antes vistos en nuestro territorio.

También en Canarias, por desgracia, vamos a vivir, cada vez con más frecuencia, sucesos de este tipo, muchos de los cuales están siendo monitorizados por equipos de científicos en los que nuestra universidad tiene o ha tenido un destacado papel. En este sentido, un buen ejemplo lo constituye el convenio que mantenemos con la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias para elaborar las proyecciones climáticas de alta resolución para nuestra región, así como para el análisis de fenómenos extremos.

Por ello, como rector de la Universidad de La Laguna, me siento muy orgulloso de que nuestra institución sea la principal proveedora de doctores y doctoras en Canarias. En efecto, en el año 2025, a través de nuestros 21 programas de doctorado, de acuerdo con la base de datos TESEO, donde se registran y clasifican para su consulta las tesis doctorales leídas a nivel nacional, en nuestra universidad se registraron 121 tesis doctorales, el 2% de las registradas en el conjunto de España. Si sumamos las de nuestra universidad hermana, la ULPGC, ese año aportamos 203 personas graduadas con el máximo nivel académico, la totalidad de las registradas en Canarias, en la medida que nuestras dos universidades públicas son las únicas que figuran en esa estadística.

Si ampliamos algo la mirada para abarcar la última década, vemos que estos estudios constituyen un eje fundamental de la actividad de nuestra institución, ya que desde el año 2016 en la Universidad de La Laguna se han doctorado un total de 1.431 personas. Y si miramos al futuro, podemos decir, además, que estos estudios gozan de muy buena salud, ya que en el curso 2024-25 se matricularon en ellos un total de 1124 personas, siendo el 54% de ellas mujeres y el 11% de nacionalidad extranjera, lo que da idea de la diversidad y riqueza de nuestro alumnado.

Lo anterior quedó espléndidamente reflejado el pasado día 24 de febrero en el patio de butacas multicolor del Paraninfo, ya que nuestros estudios de doctorado abarcan prácticamente todas las ramas del saber, destacando los programas en Ciencias de la Salud, con 443 matriculados; los de Ciencias, con 246 y Arte y Humanidades con 201. Los programas de ciencias sociales y jurídicas, con 156 matrículas, e ingeniería y arquitectura con 78, completan esta variada y rica oferta académica.

Estos jóvenes talentos, recién graduados, han recibido un título de enorme valor que, como decíamos anteriormente, les va a permitir ingresar en el mercado de trabajo y desempeñar labores de alto valor añadido con gran capacidad transformadora de nuestro tejido socioeconómico. Pero, junto a ese título, también son adjudicatarios de una gran responsabilidad, ya que van a tener un papel clave para hacer frente al monumental reto civilizatorio al que nos enfrentamos. Ser doctoras y doctores significa haber aprendido a dudar con método, a soñar con rigor, y a mantener viva la chispa creativa que no se conforma con las respuestas establecidas. Hoy, más que nunca, necesitamos esas actitudes para comprender este mundo, pero, sobre todo, y lo que es mucho más importante, les necesitamos para transformarlo en un lugar más habitable para todos los seres humanos, sin exclusión.

Y para que todo ello sea posible, para dar continuidad a esta trascendental labor, la universidad pública necesita poder mirar a largo plazo con estabilidad y sosiego, para lo cual resulta imprescindible un instrumento de financiación solvente, que asegure las necesidades estructurales y atienda los objetivos estratégicos de canarias. Como hemos visto, no hay otra herramienta mejor para generar bienestar y trasformar nuestra tierra. Ahora es el momento de Canarias: ahora es el momento de la universidad pública.

*Rector de la Universidad de La Laguna

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