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tribuna

Amaneciendo

Ayer me encontré esta foto y me vinieron viejos y buenos recuerdos. Habíamos partido del Puertito de La Punta del Hidalgo antes del amanecer del día. Pacheco puso la barca rumbo a los Roques de Anaga. Íbamos a las viejas.

Toda la mañana por aquellos riscos, algunos pescando a caña fija y otros a caña de carrete. Usamos, como se acostumbra en estas islas, anzuelos de pata corta y curva larga, como una u chata y abierta. Debemos haberlos inventado por estos lares, porque son los buenos para la forma de comer de las viejas y para resistir sus fuertes picos de loro.

De carnada, jaquitas y cangrejos menudos que traía Venancio. Y de engodo, erizos majados.

Ricardo Méndez, mi compadre, Chelo Alonso y Pacheco a popa. Nunca olvidaré el semblante de los tres al impactarles de improviso el fogonazo anaranjado de la primera luz del día.

Era primavera, la mar bonanza. Ya se sabe: en abril, se acerca la vieja al veril.

Regresamos a La Punta en medio del bochorno de las tres de la tarde.

Quedaba por oficiar una liturgia remota. Guisar con poco agua unas pocas de papas cortadas a la barquera, vaciarles encima medio baldito de burgados y lapas, tender las viejas a cocinarse en aquel vapor de marisco pobre….Y a comer y beber. En aquel momento, con más dinero habría muchos a lo largo del ancho mundo. Más ricos, no.

De aquella tripulación improvisada, vamos quedando sólo Venancio, Pili y yo. El Compadre, Chelo y Pacheco andarán navegando por esas aguas. Porque en el cielo de los punteros hay mares y bajíos, barrancos y huertas. Y amaneceres anaranjados, como el de aquel día lejano en el que nos acercamos hasta Los Roques. Íbamos a las viejas.

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