tribuna

El lío a la izquierda del PSOE

Mañana termina el plazo para registrar las coaliciones que deseen concurrir a las elecciones de Andalucía del próximo 17 de mayo. Conoceremos entonces si son dos o más las listas de formaciones situadas a la izquierda del PSOE. Aunque no era la posición de la dirección nacional, los inscritos andaluces de Podemos se pronunciaron ayer en favor de la integración en una sola candidatura con Izquierda Unida, Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz y Partido Verde, pero el asunto se resolverá, previsiblemente, en la tarde de hoy y, en última instancia, en la medianoche de mañana. El pequeño partido Adelante Andalucía (andalucista de izquierda) que obtuvo dos escaños en la anterior legislatura ya ha adelantado su voluntad de acudir en solitario.

Aunque el asunto principal que se sustancia en las elecciones es si el presidente de la Junta en funciones, Moreno Bonilla, consigue la mayoría absoluta para no depender de Vox, suscita interés también la situación de los partidos situados a la izquierda del PSOE, que andan a la greña, en el lío, que diría el presidente de la Junta, por el batacazo sufrido por Podemos en las últimas elecciones autonómicas a las que acudió en solitario. En Castilla y León no hubiese logrado representación ni siquiera en una lista única con los demás partidos de la izquierda.

Son pequeños grupos que hacen mucho ruido, cada uno con su propio bombo, reclamando en un laberinto la unidad de acción, que nunca llega. Ideológicamente solo unos cuantos dirigentes y casi de tapadillo, se reconocen comunistas, porque eso suena viejuno, pero muchos, aunque lo escondan o no lo sepan, son los deudos reales y potenciales que el Partido Comunista de España, el viejo PCE, dejó huérfanos cuando enfiló la cuesta abajo en las elecciones generales de 1982 (perdió 19 de los 23 escaños que tenía) y que, a pesar del repunte coyuntural de Anguita, no volvió a recuperar su papel hegemónico a la izquierda del PSOE.

El despegue de estas formaciones lo precipitó el declive del bipartidismo a partir de la crisis financiera de 2007-2008 y la irrupción del llamado “Movimiento 15 M”. Retener sus nombres y siglas es como memorizar la lista de los reyes godos. Recrean las fútiles disputas del Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular en la película “La vida de Brian”. Los une el propósito de evitar que gobierne la derecha, pero no tienen programa común, ni un ideario compartido. Se retratan en las pancartas: república, nacionalizaciones, no a la OTAN y a los gastos militares, más impuestos a los ricos, intervención de precios, no a los desahucios… Se jactan de su influencia izquierdista en las decisiones del Gobierno, pero los grandes avances sociales en sanidad, enseñanza, pensiones y otros se lograron con un gobierno monocolor socialista antes de llegar ellos.

Les vino dios a ver con la desconfianza de los partidos mayoritarios hacia los nacionalistas y el fracaso de las “operaciones de centro” creadas para no depender de ellos, fundamentalmente la fallida “operación Roca” de los años 80 y Ciudadanos, en 2006, que fue un proyecto que estuvo a punto de ser y no fue porque el traje le quedaba grande a Albert Rivera. El fracaso de estos artefactos dio vida a las formaciones situadas a la izquierda de los socialistas. PSOE y PP, incapaces de dialogar y ponerse de acuerdo, no digo para gobernar juntos como hacen en otros países europeos y frenar a la extrema derecha, se han echado en los brazos de los partidos a su izquierda y derecha, lo que nos ha conducido a la lamentable polarización actual.

El respaldo electoral que reciban estos partidos en Andalucía será importante para ellos en la Comunidad, pero no tendrá más trascendencia regional porque no tienen posibilidad de influir en la formación de gobierno y el PSOE, que podría ser su aliado, está a años luz del PP. Sin embargo, dará pistas para vislumbrar como irán a las elecciones generales. Si el 17 de mayo mejoran los resultados de 2022 y crecen a costa de los socialistas, podrán aspirar a reeditar en la próxima legislatura del Congreso la coalición negativa contra la derecha, que no es, precisamente, lo que más necesita España, urgida como está a derribar muros y construir consensos trasversales para superar el vendaval antidemocrático de la extrema derecha que va calando peligrosamente en las clases medias.

El acreditado desencuentro de egos de los líderes de estos partidos amerita que habrá lío para rato.

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