Mañana, Día Internacional del Trabajo, arranca la campaña electoral en Andalucía, coincidiendo con el cumpleaños del candidato del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, arquetipo de currelante de la política, que está cerca de repetir la mayoría absoluta para no depender de Vox, que es la piedra en el zapato de sus correligionarios, él los llama hermanos, de Extremadura, Aragón, Castilla y León, a los que agradece que no le acompañen en los mítines y guarden su encendida oratoria para mejor ocasión, porque él también sabe enseñar los dientes cuando la ocasión lo requiere. Hasta ahora la precampaña ha sido diferente a lo que hemos soportado en las últimas elecciones autonómicas. Sería casi revolucionario que los partidos dedicasen su esfuerzo y tiempo a ofrecer a los andaluces solución a los problemas y se olvidasen de exabruptos e insultos.
Los que han andado listos para el día grande de los trabajadores han sido los sindicatos, que no quieren perderse el soplado de velas del cumple y le han organizado mañana, en Málaga, la manifestación principal del primero de mayo. Todo un detalle, aunque, como “hay gente pa tó” que diría El Gallo, no faltan aguafiestas y malpensados que aseguran que UGT y CC.OO. están dopados por Moncloa y que con el alarde de la demostración sindical de mañana lo que quieren es montarle una cacerolada a Moreno Bonilla para afearle su gestión en materia de Sanidad y Educación.
Andalucía es la tercera economía de España y crece ahora más que la media nacional, pero, obviamente, no le faltan problemas. Durante el largo periodo de gobierno socialista se logró, con inversión pública y fondos europeos, una importante modernización de sus infraestructuras y la transformación de la economía, pero, desgraciadamente, no se resolvió el problema histórico del desempleo, ni la baja productividad. El primer gobierno del Moreno Bonilla recibió en 2019 una economía fortalecida en la etapa anterior que, salvo el bajón de 2020 a causa del Covid (-10,8%), no ha parado de crecer: 6,5% en 2021, 5,4% en 2022 y 5,6% en 2025. Pero queda mucho por hacer en materia de modernización industrial para crear empleo estable y de mayor calidad. Los andaluces tienen todavía una renta por habitante que es un 25% inferior a la media nacional.
Para solucionar estos problemas los partidos ofrecen pretendidas soluciones al gusto de lo que piensan que prefieren sus potenciales votantes. Así, el PP y Vox ponen el acento en la reducción de impuestos, el PSOE propone mejorar la financiación de la Sanidad y la Educación públicas, Adelante Andalucía incluye el cobro de una tasa de pernoctación para los turistas y la variopinta coalición Por Andalucía reclama derechos sociales y justicia climática.
Si los sondeos electorales no andan descaminados, parece que los andaluces van a optar por la continuidad de Moreno Bonilla, de Juanma, como dicen que le gusta que le llamen, que ha logrado sumar el voto urbano actual y el de los herederos de la plataforma reivindicativa de aquella formidable “Murga de los currelantes” en la que Carlos Cano glosó, hace ya 50 años, lo que yo denominaría “programa electoral universal” y que se puede resumir así: “… que “haiga” trabajo, / escuela gratis, medicina y hospital / pan y alegría nunca nos falten,/ (…) “haiga” cultura y prosperidad / Maroto, siembra la tierra que no es un coto”. Perfectamente actual. ¿Quién lo mejora?
Los otros candidatos (la socialista María Jesús Montero, Manuel Gavira (Vox), Antonio Maíllo (Por Andalucía) y José Ignacio García (Andalucía Adelante) lucen currículums académicos y profesionales más vistosos, pero Moreno Bonilla, que tiene un título en Protocolo, expedido por la misma universidad que hizo doctor en Economía a Pedro Sánchez, se ha revelado como el más espabilado de la clase, un tipo con “arte” para haber vivido siempre de la política. Es hijo de un obrero malagueño que emigró a Cataluña y nieto de jornaleros sin tierra, uno de tantos andaluces hijo de retornados de la emigración.
En 2019 necesitó de los votos de Vox para su primera investidura y trabaja ahora para evitarlo a toda costa. Sin perder la sonrisa y haciendo campaña y prosélitos por fiestas y romerías, viene a decir con cara de buen chico que todo lo que no sea su continuidad es meterse en problemas. O él, que es la estabilidad, o “el abismo de los líos”. Y, según las encuestas, los andaluces parece que apuestan ahora por la continuidad. Veremos.
