Once científicos norteamericanos que disponían de información sensible y de interés nacional han desaparecido o han muerto en los últimos años en los Estados Unidos. El FBI está mosqueado y lo investiga, concienzudamente. El último en caer ha sido un especialista nuclear de la NASA, Joshua Le Blanc, de 29 años, que sufrió un extraño accidente de tráfico en Alabama. Su coche, un Tesla, sin testigos, al menos que se sepa, chocó a gran velocidad contra la valla de una carretera, se llevó varios árboles por delante y acabó con la vida del científico. Las autoridades sospechan que el accidente fue provocado y que el conductor fallecido fue empujado intencionadamente por otro vehículo. Casualmente, se había dejado la cartera y el móvil en su casa, por lo que tampoco habría podido llamar en petición de auxilio cuando se vio atacado. Esto ocurría el 22 de julio del año pasado y una unidad de la agencia federal citada está investigando a fondo los hechos. Ya se sabe que Putin envenena con polonio a sus enemigos, pero esta puede ser una modalidad nueva de matar, o bien china, o bien rusa, o bien del gordo de Corea del Norte, que también usa mortales pócimas, incluso contra sus parientes, según sospecha el FBI. El cuerpo de Joshua Le Blanc quedó calcinado, irreconocible, ya digo que en un accidente muy extraño. No hay duda de que estamos inmersos en una nueva Guerra Fría, mucho más peligrosa que la anterior, que no era digital, sino analógica, y que ha quedado antigua, para dar paso a la sofisticación de los drones, los hackeos, los ordenadores trucados, la IA, los pegasus y todos los artilugios de una nueva era que utilizan las potencias. Este último asesinato puede estar vinculado a la supremacía espacial ejercida últimamente por los Estados Unidos, que quieren apropiarse de la Luna. En todo caso, todo muy inquietante.
