Cuando Adrián Casanova dejó Tenerife en diciembre de 2015 no sabía exactamente cómo sería su vida al otro lado del Mediterráneo. Lo que sí tenía claro era que necesitaba dar un paso distinto. Su pareja, originaria de Estambul, fue uno de los grandes motivos de aquella decisión, aunque reconoce que desde hacía años le rondaba la idea de marcharse de España para probar suerte fuera.
Once años después, este tinerfeño de El Médano habla turco con fluidez, ha formado su vida fuera del Archipiélago para centrarse en varios proyectos empresariales, poniendo en marcha una marca de aceite de oliva virgen extra que distribuye principalmente en hoteles y restaurantes de Turquía. Su historia es también la de la adaptación, el choque cultural y la mirada de un canario que ha vivido desde dentro la tensión geopolítica que rodea actualmente a Oriente Medio.
“Lo recuerdo con cierta incertidumbre, pero con la seguridad de que estaba haciendo lo correcto”
Mudarse a Turquía no fue sencillo. Adrián aterrizó en un país completamente distinto a Canarias, empezando prácticamente desde cero, especialmente con el idioma.
“El turco no tiene nada que ver con otros idiomas que ya hablaba”, explica. Recuerda que durante los primeros años apenas podía mantener conversaciones básicas, aunque a partir del segundo año comenzó a desenvolverse mejor. Ahora, tras más de una década viviendo allí, asegura que lo habla “bastante fluido”.
Aquella adaptación inicial estuvo marcada por la incertidumbre, pero también por la sensación de que estaba tomando el camino adecuado. “Nunca he dejado de aprender”, resume.
El choque entre el ritmo canario y el caos de Estambul
Las diferencias entre vivir en Canarias y vivir en Turquía son enormes, especialmente en una ciudad como Estambul. Adrián describe el día a día allí como mucho más intenso y caótico que en las Islas.
“En Canarias damos mucha más prioridad al ocio”, comenta. También considera que en Tenerife es mucho “mas fácil hacer planes con tu tiempo libre”.
El clima es otro de los grandes contrastes. Mientras en Canarias predomina la estabilidad durante prácticamente todo el año, en Estambul la situación cambia radicalmente según la estación.
“Allí tenemos seis meses de calor y seis meses de frío, con lluvias constantes y hasta nevadas ocasionales”, señala.
Y aunque reconoce que disfruta de la gastronomía turca, hay cosas que sigue echando profundamente de menos de su tierra. Entre ellas, algo tan cotidiano como caminar “en cholas y bermudas” por la calle durante todo el año. También la comida canaria y, especialmente, el jamón ibérico.
Un negocio de aceite de oliva en el “Jaén de Turquía”
A lo largo de estos años Adrián ha impulsado diferentes iniciativas empresariales, aunque actualmente está centrado en Çav, una marca de aceite de oliva virgen extra de la que es copropietario.
La producción se desarrolla en Ayvalik, una de las zonas olivareras más importantes del país, a la que define como “el Jaén de Turquía”. Desde 2018 comercializan aceite principalmente para hoteles y restaurantes repartidos por distintos puntos del país.
Sin embargo, emprender siendo extranjero no ha sido sencillo. “Las barreras burocráticas son infinitas en comparación con España”, asegura. A eso se suma la situación económica turca, marcada por una inflación persistente y la pérdida de valor de la moneda nacional.
“Los impuestos son muy altos y la moneda está en declive día sí y día también”, explica.
Vivir cerca de los conflictos de Oriente Medio
Uno de los aspectos que más le ha impactado durante estos años es convivir tan cerca de algunos de los principales focos de tensión internacional.
Desde Turquía, cuenta Adrián, el conflicto en Oriente Medio se sigue con enorme atención y también con preocupación. El país comparte vecindad geográfica con territorios como Siria, Irán, Líbano, Palestina o Israel.
“Hay cierto nerviosismo porque somos vecinos de muchos países que ahora mismo están en guerra”, comenta.
Aunque asegura que el conflicto no ha afectado directamente a su negocio ni a su vida cotidiana, sí considera que las consecuencias indirectas terminan alcanzando a todos.
Lo que más admira de Turquía
Más allá de las diferencias culturales, Adrián reconoce que hay aspectos de Turquía que le impresionaron desde el principio y que todavía hoy admira profundamente.
Uno de ellos es el orgullo nacional que percibe entre la población turca. Destaca especialmente el respeto hacia Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, y hacia los símbolos nacionales: “Me encanta. Así debe ser”, afirma.
También cree que algunas cuestiones relacionadas con la legislación podrían servir de ejemplo en España, especialmente en materia de ocupación ilegal de viviendas: “En Turquía es algo impensable y cuando ocurre se resuelve muy rápido”, sostiene.
El regreso a Tenerife sigue en sus planes
Pese a haber construido una vida estable en Turquía, Adrián no se imagina desvinculado definitivamente de Canarias. De hecho, asegura que su idea es regresar en algún momento y establecerse parcialmente en Tenerife.
El objetivo es comprar una vivienda en la Isla y pasar en Canarias los meses más fríos del año, alternando temporadas con Estambul.
Mientras tanto, continúa mirando al futuro con nuevos proyectos relacionados con otra de sus grandes pasiones: el pádel.
“No te lo pienses tanto y hazlo”
Después de once años fuera de España, Adrián tiene claro qué le diría a cualquier canario que esté pensando en emigrar: “No te lo pienses tanto y hazlo”, asegura convencido.
Considera que, si alguien contempla seriamente marcharse, probablemente exista una razón importante detrás de esa inquietud. Y recuerda que siempre existe la posibilidad de volver.
“Hay trenes que solo pasan una vez en la vida. A Canarias siempre se podrá volver”.

