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Laura y Carla, las hermanas tinerfeñas que se fueron a Suiza para comprarse una casa: “Merece la pena”

De San Isidro a Suiza, las hermanas Morales relatan su proceso de adaptación y el esfuerzo para prosperar fuera de la Isla, pero confiesan: "Echo de menos ir por la calle y que me digan mi niña"
Carla (izquierda) y Laura (derecha), hermanas tinerfeñas en Suiza. DA

La historia de Laura Morales (31 años) y Carla Morales (24 años), dos hermanas de San Isidro, Tenerife, nace de una sensación compartida que iba más allá del vínculo familiar: “trabajar sin lograr avanzar“. A pesar del esfuerzo, los ingresos no les permitían construir el futuro que imaginaban en la Isla.

Hoy viven en Suiza junto a sus parejas y el hijo de Laura, de 16 años. Partieron con un objetivo claro, ahorrar para regresar a Tenerife y comprarse una vivienda, pero con el paso del tiempo esa meta ha ido cambiando. La experiencia, las dificultades y la adaptación a un nuevo país han transformado sus prioridades, alejándolas de aquel plan inicial y abriendo la puerta a nuevos horizontes.

Laura llegó en marzo de 2022. Su hermana Carla lo hizo en julio de ese mismo año. Lo que en un principio parecía una oportunidad para mejorar su vida pronto se convirtió en una experiencia marcada por el esfuerzo y un cambio profundo de mentalidad. Ahora ambas trabajan juntas para una empresa de mantenimiento y construcción de jardines y piscinas.

“Yo llevaba casi nueve años con la idea de venir a Suiza”, recuerda Laura. “Se hablaba de que se ganaba mucho dinero y de que la calidad de vida era mejor, pero la realidad fue completamente distinta”.

Nada más llegar, las expectativas se diluyeron. “Nunca había trabajado tanto en mi vida”, afirma. “Aquí se gana dinero, sí, pero todo lo que se gana se trabaja también”.

El mito del dinero fácil se rompe al llegar

Su experiencia como camarera de piso refleja esa diferencia. Si en Tenerife tenía una carga de trabajo, en Suiza llegó a encargarse de hasta 19 habitaciones en una sola jornada. “Fue demasiado. Muy explotador”, reconoce.

Carla tampoco partía de una situación sencilla en la Isla. Tenía dos trabajos, en una estética por el día y en la lavandería por las noches, y aun así no lograba llegar a fin de mes. “Sentí que era el momento de cambiar de vida”, explica. “Aquí al menos tienes la oportunidad de ahorrar, aunque el precio sea alto”.

Ambas coinciden en que la imagen que se proyecta en redes sociales no se ajusta a la realidad. “Se vende una vida idílica que no es real”, advierte Carla. “No vienes aquí y en tres meses tienes todo hecho”.

Empezar desde cero: incertidumbre y dificultades

Los primeros meses fueron especialmente duros. Llegar sin trabajo, sin contactos y sin dominar el idioma supone un choque directo con la realidad.

“Es muy difícil que te contraten desde Tenerife”, explica Laura. “Necesitas estar aquí, tener un número suizo, una cuenta bancaria y disponibilidad inmediata”. Añade otro elemento que muchas veces se pasa por alto: las estafas. “A mi marido lo engañaron varias veces al principio. Le prometieron unas condiciones que luego no eran reales, incluso sufrió un robo. Hay que tener muchísimo cuidado con lo que se ve en Internet”.

“Veo algunos vídeos de TikTok sobre personas que ayudan a otros a conseguir trabajo en Suiza. Y eso lo veo muy complicado que desde la distancia y sin que te conozcan, aquí te contraten. Tengan mucho cuidado con ese tipo de ganchos. No crean todo lo que se cuenta por TikTok, y menos que vas a venir y hacerte rápido con dinero. Ahorras siempre que vengas con mentalidad”, comenta Carla.

El coste de vida obliga a cambiar hábitos

El inicio también está marcado por los gastos. Ambas recomiendan llegar con ahorros suficientes, ente 3.000 y 4.000 euros, ya que los primeros meses pueden ser especialmente complicados. Carla y su pareja llevaron 6.000 euros entre los dos, y aun compartiendo vivienda con su hermana, el dinero apenas les duró tres meses.

“Entre alquiler, comida, transporte y seguros, se va todo muy rápido”, explica. A eso se suma la dificultad para acceder a una vivienda. “Te piden contrato de trabajo, referencias y revisan todos tus ingresos y gastos”, añade Laura.

Ese contexto obliga a cambiar hábitos. La vida social se reduce y cada gasto se mide. “Aquí no puedes vivir como en Tenerife”, reconoce Carla. “Sales del trabajo cansada y vuelves a casa. El tiempo se vive de otra manera”.

Laura lo resume con una imagen cotidiana: “Echo de menos ir al cine, entre la dificultad del idioma y el precio de las entradas que superan los 20 euros. Hace años que no voy”.

Adaptarse a otra cultura, otro clima y otra forma de vida

Más allá de lo económico, la adaptación ha sido uno de los grandes retos. El idioma es una barrera clave. “Ojalá hubiera aprendido alemán antes de venir”, admite Laura. “Es fundamental para poder avanzar aquí”.

También han tenido que adaptarse a un entorno social distinto al que se vive en las Islas. “A veces no te sientes acogida del todo”, señala Laura, que asegura haber percibido actitudes racistas cuando la escuchan hablar en español.

Asegura que entre sus mayores nostalgias está el no poder ver al resto de su familia que vive en Tenerife: “Y eso que estoy aquí con mi hermana y hemos tenido la suerte de trabajar juntas. Echo de menos ir por la calle y que me digan mi niña, los canarios somos muy cariñosos. Aquí hemos conocidos muchos que vienen a trabajar. Sinceramente, cuando escuchas a un español te emocionas, pero cuando escuchas a un el mi niño, te sale solo” comparte Laura.

El clima es otro factor importante. Incluso Laura toma vitamina D por la falta de Sol. “Aquí hace mucho frío. A quien le guste el Sol y el calor, que se olvide de vivir en Suiza”, explica. Carla lo resume de forma sencilla, aunque se adapte bien al clima, “el cuerpo te pide playa”.

“En el caso de aquellas personas que no se adapten bien a los cambios, y tengan pensado venir aquí a hacer dinero. Tienen que cambiar la mentalidad y acostumbrarse a estar en constante cambio. Sales al final de tu zona de confort. El primer trabajo nunca va a ser aquí el último. Cuando llegas aquí pasaras de uno a cinco trabajos diferentes”, recomienda Carla.

Una mentalidad que evoluciona con el tiempo

Con el paso de los meses, ambas han cambiado su forma de ver la vida. Lo que empezó como una etapa temporal se ha transformado en un proceso más largo, en el que han redefinido sus objetivos.

Laura no descarta volver a Tenerife, aunque por el momento ve desarrollando su vida junto a su marido y su hijo en Suiza. Por otro lado, Carla ha ampliado sus planes, además de ahorrar para una vivienda, se plantea antes crear un negocio cuando regrese a la Isla: “Sigo queriendo una casa en Tenerife, aunque ahora me surge más la idea de desarrollar una empresa. Tengo claro que volveré a Canarias, tarde o temprano, de momento seguiré ahorrando aquí. Yo vine a Suiza a probar, en un principio un par de meses, pero ha ido pasando el tiempo y he hecho mi vida aquí junto a mi pareja. Ahora que llevamos 3 años, aguanto con la idea de volver a mi tierra y formar mi empresa”.

“La ilusión del principio se acaba”, reflexiona. “Y lo que te queda es la lucha por los objetivos que te hicieron venir”.

“Vale la pena, pero hay que venir preparado”

A pesar de las dificultades, ninguna se arrepiente de haber dado el paso. Eso sí, insisten en que emigrar no es una decisión sencilla ni inmediata. “Esto no es venir y hacerse rico”, advierte Carla, lo que Laura resume como: “Vale la pena, pero hay que venir preparado, con ahorros, una base de alemán y sobre todo, con la mentalidad que al principio no es fácil”.

Ambas siguen adelante con la vista puesta en su objetivo: regresar algún día a Tenerife, con la estabilidad suficiente para construir el futuro que un día imaginaron desde su Isla.

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