tribuna

Canarias, puerto seguro del Atlántico

El MV Hondius no llega a Canarias por casualidad. Llega porque somos, sencillamente, el territorio de África más desarrollado. Nuestros puertos, nuestros hospitales y nuestra vida con el mar convierten al Archipiélago en la referencia obvia cuando un buque queda a la deriva en mitad del Atlántico con tres fallecidos a bordo, contagiados graves y casi ciento cincuenta personas dentro. Evitar esa relevancia, en lugar de ejercerla con orgullo, nos relega y nos empequeñece. Canarias es importante. Posicionarme sobre este asunto me ha costado. Precisamente por eso creo necesario distinguir entre dos canarismos: el que da orgullo y el que da vergüenza. Lo verdaderamente nacionalista, lo que pone a Canarias en alto, no es cerrar el puerto de Granadilla. Es abrirlo bien. Es recibir al Hondius con protocolo serio, con medios suficientes y con la cabeza alta de un pueblo que sabe lo que es el mar. Negarse a auxiliar a 146 personas atrapadas en alta mar no defiende Canarias: la achica. Y achicar a Canarias nunca puede ser una posición canarista. Canarias es grande, y capaz. ¿Qué imagen proyecta cada postura? Cerrar el puerto dibuja una Canarias asustada, que se esconde y empuja el problema mar adentro, un pueblo que ha perdido la confianza en sus capacidades. La postura canarista de verdad es la contraria: tenemos médicos, enfermeras y puertos preparados. Tenemos la tradición de ser un puerto seguro en mitad del Atlántico. No podemos evitarla ahora a conveniencia de agenda reaccionaria. El mensaje es otro: esto lo hacemos nosotros y lo hacemos bien. Eso es nación canaria con mayúsculas: no la del miedo, sino la de un pueblo que se sabe protagonista de su propia historia. La coherencia debe ser la marca de cualquier canarismo serio. Algunos aquí se equivocan cuando creen que Canarias no es capaz. Respecto al gobierno actual del Estado, no se me ocurre una configuración gubernamental que la hoy integrada por PSOE de Canarias, en la persona de Ángel Víctor Torres, y Más Madrid, en la persona de Mónica García, para comprender y acompañar los asuntos de Canarias. España deberá cuidarse de que siempre se va encontrar una administración canaria que dude y sea escéptica si no es bien interpelada, sobre todo si no se le da la importancia y el valor que tiene para el mantenimiento de la paz social en el Archipiélago, poder que aún al Gobierno de España no lo he visto afinar de la misma manera que nuestras élites. En medio del ruido, la línea debió ser una sola: mando único y compartido para gestionar con criterio, recursos y hospitalidad en la medida de nuestras posibilidades, sin renunciar ni a un milímetro de soberanía, ni a un milímetro de decencia, como hubiera hecho sin lugar a dudas se me ocurre el presidente Adán Martín Menis. Eché de menos todo esto. Tenemos que seguir cuidando nuestra sensibilidad para que los bárbaros no sigan cogiendo camino. Hay que tomar partido y hacerse responsable de lo que es nuestro, pues lo que somos no lo puede representar cualquiera para dejarnos en vergüenza ante el mundo. Llevamos siglos siendo puerto seguro en mitad del Atlántico. Esa es la Canarias que pone orgullo: la que decide, la que acoge y la que se planta ante Madrid sin perderse a sí misma por el camino. La próxima vez que confrontemos con Madrid, que no sea para hacer el ridículo, si no para poner nuestra identidad a la gran altura humana de nuestro pueblo, para ayudar, a los que no son como nosotros, para ser mejores. Eso sí es ser canario; superarse a uno mismo, cuidar nuestro nombre y estar a la altura de la historia.

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