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viernes a la sombra

Cuba, en las últimas

No tenemos absolutamente nada. Ya no tenemos reservas”. La manifestación de Vicente de la O Levy, ministro cubano de Energía y Minas, suena desesperada, incluso cuando se lee en silencio, por si se quiere interpretar más dramática la confesión. Situación límite pues: sin diésel ni fueloil, el país se quedará a oscuras y si la vida, en esas circunstancias, ya es difícil, ahora, sin combustible, se torna insostenible. Peor que todas las amenazas y advertencias del omnipotente presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el que pesa la parte alícuota del bloqueo energético (¿otra modalidad de genocidio?) que los yankees someten a Cuba. Como en los tristes y lacónicos últimos partes del Estado Mayor de la República española en los últimos días de la contienda fratricida en aquella España de los años treinta del pasado siglo, el drama está vivo para un pueblo que resiste heroicamente y parece no resignarse ante las adversidades. “La situación del Sistema Electroenergético Nacional es particularmente tensa en los últimos días”, llegó a escribir en la red social que, como todo, agonizará, el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. No falta la literatura preñada de tragedia: el bloqueo energético, dicen, suplementado con la aplicación de aranceles irracionales a cualquier nación que se apiade de esta agonía cubana. Ya se verá cómo concluyen los malvados planes de Trump. El presidente cubano recordó que, hace pocas fechas, medios estadounidenses que “sirven a la agenda belicosa de agencias federales de ese país, mostraron desconcierto frente a la heroica resistencia del pueblo cubano, y la firmeza e inquebrantable unidad de nuestro Gobierno. «Han tenido que reconocer que, pese a las cruentas medidas de asfixia económica y energética que USA ha decretado, Cuba sigue en pie, no es un estado fallido”. Pero hay que ser realistas. Está, cuando menos, tambaleándose. Y frente a quienes, acaso en un exceso de idealismo patriótico, aún resisten y se niegan a claudicar, estarán los que digan hasta aquí hemos llegado y sueñan con un mundo mejor, de más libertades y de menos escasez. Seis décadas de bloqueo cruel influyen lo suyo. Una red eléctrica maltrecha, anuncios terriblemente pesimistas como los que estamos comentando y convivencia, entre hambre, vacíos y oscuridad, cada vez más delicada, la población tiene que estar sobreviviendo al límite. Los focos de delincuencia que brotan sin cesar, según las pocas noticias que llegan, ya deben estar alternando con las protestas ciudadanas que desafían los apagones en La Habana y otras ciudades de la isla donde suman muchas superficies a oscuras. Así las cosas, servicios básicos como la atención hospitalaria o el transporte público, deben estar funcionando bajo mínimos y no es de extrañar que lleguen noticias de desespero familiar, vecinal o personal. Es una situación de crisis, sin duda, acaso la más grave desde que la entonces Unión Soviética cesó en los suministros, como pudimos comprobar personalmente en 1991 y cuando comenzó la economía cubana a depender del turismo para el que, obviamente, no estaban preparados. No bastaban con los encantos naturales ni con el talento creativo desmenuzado entre el exotismo y el empuje de quienes desafiaban la distancia y las gruesas limitaciones de los recursos. Un ejemplo, leído en un periódico de hace un par de días: Cuba tiene una capacidad instalada de 1.300 megavatios de energía solar gracias a los paneles instalados por empresas chinas durante los últimos dos años. Pero mucha de esa energía se pierde al no poder almacenarla en baterías eléctricas por la inestabilidad de la precaria red energética. “En La Habana, los apagones ahora superan las 20-22 horas (por día)”, dijo el ministro de la O Levy.

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