Respeto al micrófono
Ante el micrófono, hay que ser como eres, sin imposturas. Pero hay que respetarlo siempre. Esa es la primera lección. De las primeras que recibíamos entonces, allá por los años sesenta del pasado siglo, cuando alevines aprendices de la representación teatral, incursionábamos en las galas lírico-musicales -que así se decía entonces- y llenábamos el tiempo
