tribuna

El terremoto

Es cierto que la imputación de Zapatero no se basa en cuatro recortes de prensa, aunque esté la mano de EE.UU. detrás y Trump le tenga ganas a Sánchez. El juez Calama goza de crédito. Este es uno de esos momentos de infarto, con un ambiente irrespirable que se puede cortar con un cuchillo.

El azar ha querido que coincida con el epílogo electoral del PP en Andalucía, las últimas urnas autonómicas del pack. La resaca sin mayoría absoluta resulta hiriente para Bonilla y Feijóo y era inevitable el déjà vu de 2023, otra vez en manos de Vox antes de elecciones generales. Así que ha sido un golpe de suerte.

Ayuda mucho tener una percha de campaña de este calibre, con USA empujando, para desgastar donde más duele al único Gobierno socialista del cuarteto europeo (Francia, Alemania, Italia y España). Puede ser casualidad, lo digo en serio, aunque parezca ironía. La providencia provee a Feijóo cuando el no a la guerra y otros trenes, a su paso, catapultan a Sánchez en la esfera internacional.

En política, en ocasiones, los planetas se alinean. El 2 de junio comparece Zapatero ante el juez; ese día, Sánchez cumple ocho años como presidente, el segundo más longevo tras Felipe González, y esa semana declara su hermano David en la Audiencia de Badajoz. Bingo.
Al juez José Luis Calama, que instruye este caso Plus Ultra en la Audiencia Nacional, se le reconoce ‘oficio’ en los ochenta y cinco folios del auto, donde aclara que los delitos que imputa se formulan “con el grado de provisionalidad propio de esta fase”. Y todo apunta a que llevará años conocer el desenlace. (Coincidencia es también que Zapatero indultara en su día al exdirectivo de Banesto Miguel Ángel Calama, hermano del juez.)

¿Veremos en España algún día decaer un caso de este porte? Estamos ante el primer chequeo judicial a un expresidente, que recuerda a Jacques Chirac, condenado por malversación; a Helmut Kohl, perseguido por financiación ilegal del CDU (pagó una multa), y al expresidente alemán Christian Wulff, acusado de corrupción y cohecho, absuelto.
Necesitamos creer en la política y en la justicia a la vez. Poder respirar tranquilos, con el canario en la mina, que, hasta el siglo pasado, avisaba a los mineros si estaban seguros o había gases tóxicos cuando moría en la jaula. Sería una buena señal de alerta de nuestra calidad democrática.

Ha sido un terremoto, como el que sentimos el viernes a primera hora, con la izquierda española y los amigos y vecinos de Zapatero en Lanzarote en estado de shock. Este hombre, entre 2004 y 2011, acabó con ETA, legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo y aprobó la Ley de Memoria Histórica. Ahora, besa la lona, y Trump se frota las manos, contra la España de izquierda.

En EE.UU., la foto de Zapatero en la pared junto a la de Sánchez recuerda que no se levantó al paso de la bandera de las barras y las estrellas en el desfile de la Hispanidad de 2003, cuando era líder de la oposición y estaba en contra de la guerra de Irak.
Fue el socialista que se cruzó en el camino de Rajoy, después de que Aznar nos metiera (y nos mintiera) en esa guerra y predicara la autoría etarra del 11M. Zapatero frente a Rajoy, y, dos décadas más tarde, Sánchez frente a Feijóo, fueron presidentes con candidatos del PP que se veían favoritos.

Algunos medios han dictado ya sentencia. Zapatero lideró una trama criminal, tituló airadamente ABC. Entre sus méritos figura haber sido clave en la investidura de Sánchez mediante Junts y la ley de amnistía. Atrapar a ZP (como a Maduro o a Raúl Castro, imputado por EE.UU. a la par que Zapatero en España) era todo un clásico del PP por su papel como un Jimmy Carter mediador en Venezuela. Tras la extracción de Maduro por Trump y el ascenso de Delcy Rodríguez en el cambio sin cambio, a Zapatero lo honraban los presos españoles liberados por el chavismo. El PP encajó mal el fiasco del caracazo yanqui.
La pandemia ha traído las secuelas de la compra fraudulenta de mascarillas y el revuelo del rescate de las aerolíneas, con este debate sobre los límites del lobbismo. No, no es de extrañar que el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. alardee de participar en el cerco contra Zapatero.

Si se aviene Junts, Feijóo cursará una moción de censura con Vox, a costa de morderse la lengua y acatar la amnistía. Ya hay quien remeda a Miguel Ángel Rodríguez con un canarismo que suele tener en la punta de la lengua: “¡Pa´lante!”.
Pero empezamos hablando de la suerte, y otra suerte correría el PP si el juicio del caso Kitchen no hubiera salido de mil maravillas para Rajoy, que, pese a los indicios de la instrucción, se ha librado de la flagrante condición de imputado. Y, como quien nace de pie, se irá, con tanta suerte, de rositas.

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