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Gafes solemnes

Cuando detecté la reentrada en la ecuación de Fernando Simón sufrí los primeros síntomas de una rara enfermedad llamada “pelos de punta”. Hay gente que es gafe solemne. Yo tenía un chófer que lo era y no sé si les conté la anécdota con él, en el casino del Mencey. Estaba yo perdiendo 3.000 euros y aquello pintaba mal, para una vez que se me ocurría jugar a la ruleta. El chófer me estaba esperando fuera, le pedí que entrara y que me placara al croupier. Lo hizo, se colocó al lado del que lanzaba la bola, recuperé los 3.000 euros y gané otros 3.000, hasta que el jefe de los tirabolas se dio cuenta y puso a otro. Cuando perdí la primera mano me mandé a mudar, con los bolsillos llenos. Esta película del hantavirus se ha exagerado y ahora quien tiene una gripe ya ha incubado la enfermedad, sin que nadie se dé cuenta de que la enfermedad espanta a los que nos dan de comer, que en el caso de Canarias son los turistas. Yo ignoro las razones de la escala del Hondius, tampoco entiendo las explicaciones oficiales y ahora ni siquiera las leo, porque creo que todo es una gran mentira, motivada por algo que desconozco. De todas formas, si hay ratas a bordo, las ratas saben nadar, así que mejor que no fondeen demasiado cerca del muelle por si acaso. Yo vi en Venecia cómo las ratas se lanzaban al agua de los canales desde los palacios, en una sinfonía roedora muy parecida a un campeonato de natación. Acabé no montándome en las góndolas. Cuentan que Pepe Segura, una vez, en Venecia, se emocionó a bordo de una de ellas, se puso en pie, cantó O sole mío y casi naufragan, entre los gritos del gondolero. Pero también puede ser leyenda urbana, que le dicen ahora. La paciente de Alicante seguro que da negativo, ya lo verán.

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