Cuenta Mansueto Zerené que la pintura siempre ha ocupado un lugar muy importante en su vida. Y ahora, a sus 96 años, continúa haciéndolo. El artista palestino, afincado en Canarias desde los años 60, sigue tomando los pinceles en Tenerife, en La Laguna, donde reside, para ir construyendo una obra en la que el Archipiélago no deja de estar presente.
“Desde muy pequeño estaba todo el día pintando con los creyones”, explica en una charla con DIARIO DE AVISOS. “Recuerdo que de niño, en el colegio religioso en el que estudiaba, en Semana Santa los sacerdotes repartían entre los alumnos unos libros vinculados a esta celebración. A mí me tocó uno en torno a la vida de los apóstoles. Las ilustraciones incluidas en el libro mostraban a los santos, pero únicamente con sus siluetas trazadas, así que a mí me dio por colorearlas. Pasados los días, cuando uno de los curas los recogió y los fue revisando uno por uno para comprobar que no los habíamos estropeado, al llegar al mío se quedó muy sorprendido y me preguntó: ‘¿Quién te dio este libro?’. ‘Usted mismo’, le contesté, y entonces él me felicitó y me dijo que estaban muy bien coloreados”.

Mansueto Zerené nació el 19 de octubre de 1929 en Beit Jala, un pueblo a apenas siete kilómetros de Jerusalén. Tal y como relata en un texto una de sus hijas, Regina Zerené, cuando él tenía dos años murió su padre y las injustas leyes de la época hicieron que Mansueto y sus hermanos entrasen en un orfanato. “La versión oficial era que (…) su madre los había abandonado”, y que tiempo después había fallecido, escribe Regina Zerené. Muchos años más tarde conocieron la verdad, pero cuando la familia quiso contactar con ella, la madre del artista sí que había muerto, pero hacía solo dos años, ya anciana.

En la conversación con este periódico se refleja el carácter alegre, dinámico y lleno de inquietudes que siempre ha acompañado al artista, que durante los años 50 se estaba preparando para convertirse en sacerdote, al tiempo que daba clases en una congregación religiosa en Beirut (Líbano). Mientras tanto, se formaba en dibujo en L’École ABC de París, el célebre centro francés de enseñanza por correspondencia, y en 1957 obtuvo en Líbano la licenciatura en Bellas Artes.

GUÍA INTÉRPRETE
Profesor de idiomas y fundador de los Boy Scout en Líbano, entre otras muchas iniciativas, una serie de desavenencias con los responsables de la congregación religiosa hicieron que, profundamente decepcionado, decidiese dar un giro a su vida.
“Mi idea inicial era irme a Chile, pero antes, en 1960, me vine a Tenerife, para ver a mi hermano, que era director de una agencia de viajes”, explica. “Como él sabía que yo hablaba seis idiomas, me planteó que trabajase como guía intérprete”, señala Mansueto Zerené acerca de unos comienzos profesionales en la Isla, en pleno boom del turismo de masas en Canarias, que también incluyeron una breve estancia en el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife.

“Lo que yo tenía claro era que no quería pasarme todo el día sentado ante una mesa en una oficina, por lo que me convertí en guía intérprete de manera independiente. Me llamaban de todos lados”, comenta entre risas. Del mismo modo, y con el empeño de realizar su trabajo con los turistas de la mejor manera posible, comenzó a estudiar la historia de Canarias. Con posterioridad, en el último capítulo de su trayectoria laboral, precisa en su texto Regina Zerené, Mansueto creó su propia empresa: una lavandería industrial.

LA VOCACIÓN
Pero mientras formaba en Tenerife junto a su esposa una familia con seis hijos, que siempre lo han considerado un ejemplo por su forma de ser y guiarse en la vida -en la que no falta el buen humor, como demuestra en la charla-, Mansueto Zerené no olvidó su vocación artística. Si antes de llegar a Canarias había mostrado su arte en Egipto, Líbano, Siria y Palestina, como él mismo detalla durante la conversación, luego se han podido contemplar sus obras en exposiciones en Puerto de la Cruz, La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Arafo, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Úrsula, Madrid…

Uno de sus trabajos más celebrados es Las meninas canarias, en las que el pintor palestino rinde homenaje a Diego Velázquez (1599-1660) y su obra maestra del Siglo de Oro español, en una relectura en la que los personajes que aparecen en el cuadro, salvo el propio pintor Mansueto Zerené, aparecen vestidos con indumentarias tradicionales de las Islas. Además, de alguna manera, esta pieza -de la que ahora mismo el artista se halla pintando una nueva versión- supone el pórtico de entrada a su proyecto más ambicioso, emprendido a finales de los 90: Los guanches y sus conquistadores, una serie que ya cuenta con 43 originales.
ESCRIBIR CUADROS
Como su nombre indica, se trata de un relato pictórico en el que Mansueto Zerené se adentra en la historia de los antiguos pobladores de Canarias, narrando a través de óleos los aspectos que conformaban su cultura y su forma de vida, antes y durante la conquista de las Islas. Este proyecto, según escribe Regina Zerené, tuvo su origen en el regalo que le hicieron sus hijos al cumplir 66 años y jubilarse: un maletín con pinturas y pinceles que le permitieron retomar su pasión por el arte.

El artista no ha dejado de documentarse, realizar consultas y recurrir, en suma, a todo tipo de información que ha tenido a su alcance. “Lo mismo que cuando era guía y me interesé por investigar la historia del Archipiélago para poder hablar con conocimiento ante los turistas que nos visitaban”, apostilla.
Su mayor deseo es que todas estas obras en torno a Canarias, que a la vez son el fruto de su amor a la tierra donde decidió vivir y crear una familia, puedan ser expuestas en un museo, para compartir así con los canarios y las canarias esta forma artística de mirar al pasado.





