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tribuna

Rayco

El ascenso del Club Deportivo Tenerife a Segunda División, el retorno al fútbol profesional una temporada después de haber descendido a Primera Federación, supone un éxito histórico por la rapidez con la que se ha producido, salvaguardando el terrible daño económico e institucional que habría supuesto no conseguirlo. Los protagonistas de la gesta están en el terreno de juego, la plantilla y el cuerpo técnico junto a todos los auxiliares que trabajaron sin desmayo por hacer realidad este logro. Pero para que haya éxito en el terreno de juego, es muy importante que exista armonía en todos los estamentos del club.

No era fácil, tal y como se produjeron los movimientos institucionales en los últimos dos años. Un consejo de administración muy desgastado, un nuevo accionista mayoritario, los pactos entre unos y otros, un equipo directivo incapaz y una crisis que afectaba a los que tienen que ganar los partidos. Es muy difícil hacerlo bien en el terreno de juego cuando las cosas no van bien dentro de la institución. Es un reflejo, se quiera o no se quiera ver.

Aquella crisis prolongada en el tiempo y sin visos de solución, tuvo un episodio esperanzador: la entrada de Rayco García Cabrera como accionista. Un tinerfeño hecho a sí mismo, con un prestigio ganado a base de trabajo en el mundo del fútbol, aterrizó en una entidad a la que conocía porque había sido jugador de su cadena de filiales. Rayco, que residía gran parte del año fuera de Tenerife por sus negocios, veía en la distancia cómo se desmoronaba el club de sus amores y decidió dar el paso de invertir arriesgando su dinero para ayudar a reflotar una nave a la deriva.

La fama de Rayco, como gran negociador y hacedor de pactos inesperados, comenzó a instalarse en la isla. Sorprendiendo a propios y extraños, fue dando pasos firmes para hacerse con un importante paquete de acciones y, tras cerrar pactos que nadie imaginó, hacerse con la gobernanza del club. En el camino sufrió mucho, incluso afrontando una denuncia que, a tenor de lo que luego decidió la jueza archivando la causa, más pareció el argumento de una película de miedo que no obtuvo premio al mejor guión.

Rayco, admirador confeso de Javier Pérez, el fallecido expresidente blanquiazul, entró en la entidad y fue organizándola tal y como él tenía pergeñado en su cabeza. Entre sus decisiones más importantes: rescatar la figura de Felipe Miñambres, exjugador histórico, al que convirtió en consejero y luego en presidente. Con Felipe, incorporó a tres puntales conocedores del fútbol: Manu Guill, como director deportivo, y su ayudante, Hugo Rico. Además, se vino una persona de confianza del propio Felipe, como es Ángel Medina, al que se nombró secretario técnico. Con esa cúpula, y la presencia del también exjugador, Ayoze García, o los asesores jurídicos Octavio Cabrera y Antonio Porro, como consejeros, completó el órgano directivo con una mujer, Sheila Trujillo. ¿Y el entrenador?. ¿Quién mejor que Álvaro Cervera, que ya conocía lo que era ascender de 2ªB a 2ªA con el equipo y que llevaba Tenerife en su corazón?. Fue personalmente a buscarlo y hablar con él a Valencia. Hubo rápido acuerdo.

Para gobernar como él quería, hacía falta que salieran Paulino Rivero, Conrado González, José Daniel Díaz, Francisco Heredia, Santiago Pozas, Juan Guerrero y Alba Áula. Y salieron.

Se comenzó a confeccionar una plantilla para subir sin demora, con algunos que continuaron y otros que llegaron. Y se consiguió.

Pero es que además, Rayco García ha instaurado su forma de hacer las cosas en la entidad, dándole un valor esencial a los asuntos sociales, a rescatar a muchos aficionados aburridos por la deriva del club, a procurar que haya armonía entre plantilla, cuerpo técnico y otros estamentos del club. Su empeño en que el Tete sea querido en todos los rincones de la geografía insular, sabe que es algo recíproco, acercando a la entidad a los distintos municipios haciéndolos sentir en blanquiazul.

Rayco, que el mismo día del reciente partido en Ponferrada cumplió 40 años, se ha caracterizado por gobernar en silencio, sin protagonismos ni notoriedades que, según él, no ayudan. Cuando surgió algún problema, procuró siempre resolverlo internamente, con el diálogo, curando heridas y buscando soluciones eficaces para que no se rompiera la citada armonía. Ha arriesgado gran parte de su dinero en tapar huecos que no correspondían a la entidad, ante la falta de respuestas institucionales.

El ascenso del Tenerife tiene culpables en el terreno de juego, sí, pero ese éxito no habría sido posible sin una persona como Rayco García al frente. Solamente quienes le conocemos, sabemos del desgaste y el sufrimiento que ha tenido que pasar, junto a sus leales Felipe Miñambres, Ayoze García y Antonio Porro.

El ascenso se ha logrado. Y las bases del nuevo CD Tenerife también están instaladas sobre duros cimientos. Hay que aguantar en el futbol profesional y mirar hacia arriba con tranquilidad. Ya está en Segunda y luego vendrá la Primera, pero con paciencia y haciendo las cosas como hasta ahora. Llegará. Al tiempo. Ahora es tiempo de disfrutar. Felicidades, de corazón.

*Por José Antonio Pérez, periodista

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