El Servicio Integral de Atención a Personas Sin Hogar, dependiente del área de Políticas Sociales del Ayuntamiento de Santa Cruz, atendió el pasado año a 929 personas en el municipio: 747 hombres y 182 mujeres, entre 36 y 64 años, en situación prolongada de exclusión social, deterioro físico o emocional, problemas de salud mental y ausencia de redes de apoyo.
Los informes municipales reconocen que el acceso a la vivienda es uno de los principales factores de vulnerabilidad social en la ciudad. Los elevados alquileres y la falta de oferta residencial empujan a muchas personas hacia situaciones de exclusión residencial, hacinamiento, infravivienda o al sinhogarismo. Por ello, el Consistorio ha tenido que transformar su modelo de intervención social, sumando a los tradicionales recursos de emergencia nuevas estrategias centradas en la vivienda, la autonomía y el acompañamiento social.
El alcalde, José Manuel Bermúdez, afirma que “estamos ante una realidad social compleja que no puede simplificarse ni invisibilizarse. Detrás de cada cifra hay personas que necesitan atención, acompañamiento y oportunidades. Desde el Ayuntamiento hemos reforzado recursos, ampliado dispositivos y apostado por nuevos modelos residenciales, porque el sinhogarismo requiere respuestas integrales y sostenidas en el tiempo”.
El Consistorio sostiene que la respuesta ya no puede limitarse únicamente a los recursos tradicionales de emergencia, como albergues o centros temporales de acogida. La estrategia actual busca incorporar modelos que permitan estabilizar a las personas, acompañarlas y ofrecer soluciones residenciales más sostenidas en el tiempo.
Durante décadas, gran parte de las políticas de atención a personas sin hogar se centraron en modelos centrados en cubrir necesidades básicas, acceder a recursos temporales y, finalmente, aspirar a una vivienda. Sin embargo, los nuevos enfoques sociales que está desarrollando Santa Cruz parten de una idea diferente: la vivienda no debe ser la meta final del proceso de inclusión, sino el punto de partida.
Ese cambio de filosofía se refleja en programas como Housing First y Housing Led, modelos residenciales que el Ayuntamiento desarrolla junto a la entidad Provivienda. Actualmente, Santa Cruz dispone de diez viviendas unipersonales Housing First y una vivienda Housing Led. El modelo Housing First, desarrollado inicialmente en países del norte de Europa, y luego extrapolado a otras ciudades españolas, ofrece una vivienda individual estable a personas con largos procesos de sinhogarismo, sin exigir previamente condiciones como abstinencia, tratamientos o procesos avanzados de inserción.
La filosofía del programa parte de que una persona difícilmente puede reconstruir su vida mientras sigue sobreviviendo en la calle o encadenando recursos temporales. Por ello, primero se garantiza un hogar estable y, a partir de ahí, se activa el acompañamiento social, sanitario y psicológico necesario para favorecer la autonomía y la inclusión social. El modelo Housing Led, por su parte, comparte esa orientación residencial, pero incorpora otros niveles de apoyo y supervisión.
Recursos
“La atención a personas sin hogar ya no puede limitarse a ofrecer una cama de emergencia. Por ello, trabajamos en modelos centrados en la vivienda, la autonomía y el acompañamiento social, pues estabilizar a una persona desde un entorno residencial digno mejora sus procesos de inclusión”, explica la concejala de Políticas Sociales, Charín González.
Estos recursos ofrecen respuestas más eficaces a perfiles muy deteriorados o cronificados, como el de personas que llevan años fuera de los circuitos tradicionales de intervención. Además, otra de las líneas que refuerza el Ayuntamiento se centra en los pisos de autonomía o supervisados, para personas que ya han pasado por otros recursos municipales y están preparadas para iniciar una etapa de mayor independencia.
Santa Cruz dispone de dos pisos de autonomía con capacidad para ocho plazas, donde las personas viven en entornos normalizados mientras reciben seguimiento profesional y apoyo socioeducativo, trabajando habilidades relacionadas con la convivencia, la gestión económica, el autocuidado, la organización doméstica o la incorporación laboral.
Por otra parte, la diversificación de perfiles ha obligado a diseñar recursos específicos concretos. En colaboración con Fundación Don Bosco, existen dos pisos para jóvenes mayores de 18 años, sin hogar o en situación de vulnerabilidad social, con capacidad para entre ocho y diez plazas. Se trata de perfiles que en muchos casos carecen de apoyo familiar, presentan trayectorias de exclusión temprana o han abandonado sistemas de protección previos. El fin es ofrecerles un entorno residencial estable desde el que puedan iniciar procesos formativos, laborales y de autonomía personal.
También hay viviendas de emergencia para familias monoparentales, como mujeres con menores a cargo. Existen dos pisos con capacidad para cuatro familias cada uno, gestionados junto a Nuevo Futuro. Además, con Provivienda, hay tres viviendas temporales con capacidad para entre cuatro y seis familias. Igualmente, el Ayuntamiento trabaja, junto a Provivienda, en otro programa para facilitar alquileres a precios razonables para usuarios que, aun teniendo ingresos o empleo, no logran acceder al mercado inmobiliario. Se opera con unas 40 viviendas de alquiler, actuando como puente entre propietarios y personas vulnerables.
Readaptación a los nuevos perfiles de vulnerabilidad
La recursos sociales se adaptan a nuevos perfiles del sinhogarismo, pero el Ayuntamiento aboga por no dejar de lado los tradicionales, como la UMA, el albergue o el centro de Mínima Exigencia, que entre enero y agosto de 2025 registraron ocupaciones mensuales de más de 3.600 plazas.
Un total de 220 personas con enfermedad mental y otras 50 en sospecha
Entre enero y agosto de 2025, los servicios sociales municipales atendieron a 220 personas con enfermedad mental y a otras 50 con sospechas diagnósticas en la capital, lo que obliga a reforzar la coordinación con recursos sanitarios y sociosanitarios, sobre todo en perfiles que viven en calle desde hace años y presentan un gran deterioro físico y psicológico. Además, en este mismo periodo, el Ayuntamiento remitió 21 informes a Fiscalía relacionados con sintecho con enfermedades mentales graves y situaciones de alta vulnerabilidad.
“Muchos casos que estamos atendiendo requieren no solo intervención social, sino una coordinación sanitaria y sociosanitaria sólida. Esta realidad ya no puede recaer solo en los ayuntamientos, porque hablamos de una problemática estructural que necesita una respuesta desde todas las administraciones, especialmente desde el Gobierno central y las comunidades autónomas”, afirma el alcalde, José Manuel Bermúdez.
El nuevo enfoque residencial pretende ir más allá de la respuesta asistencial inmediata y construir itinerarios de inclusión social más estables y sostenidos. Por ello, la estrategia municipal combina recursos de emergencia, intervención en calle, acompañamiento social, viviendas supervisadas, programas de autonomía y acceso progresivo a vivienda normalizada, pues “la cronificación del sinhogarismo continuará creciendo mientras persista la crisis habitacional”.

