tribuna

¿CC daría la alcaldía a Patricia Hernández?

El crecimiento de Vox ha dejado de ser un fenómeno estatal para convertirse en el factor que reordena la política tinerfeña. Las encuestas de comienzos de 2026 confirman la tendencia: en el conjunto de Canarias el PSOE encabeza la intención de voto, en torno al 26%, seguido de Coalición Canaria, cerca del 23%, con un PP estancado por debajo del 18% y un Vox que ya ronda el 11% y sigue al alza. La fotografía importa menos por sus cifras que por su dinámica: cada punto que gana la extrema derecha lo pierde, sobre todo, el centro-derecha.

Ese desgaste es el primer eje del nuevo escenario. El PP tinerfeño se debilita justo cuando más músculo necesitaría, atrapado entre un Vox que le disputa al votante conservador y una Coalición Canaria que le supera en implantación insular. Sin un PP fuerte, la vieja ecuación de una mayoría de derechas que sume a CC, al PP y, llegado el caso, a Vox se vuelve aritméticamente frágil y políticamente incómoda.

El segundo eje es la inconsistencia de la izquierda. El espacio llega fragmentado y enfrentado, y la figura de Alberto Rodríguez, de Drago, hace guiños hacia alianzas con el nuevo nacionalismo progresista y municipalista de Gran Canaria, en la forma de Primero Canarias. Sus desencuentros con las antiguas fuerzas de izquierda no solo han impedido alianzas: en La Laguna abrieron la puerta a que Coalición Canaria entrara en un gobierno presidido por el socialista Luis Yeray Gutiérrez. Lo que debía ser un bloque de izquierdas acabó siendo el primer laboratorio del entendimiento CC-PSOE.

Porque ahí está la consecuencia central: Vox por arriba y Drago por abajo empujan a Coalición Canaria y al PSOE el uno hacia el otro. Para los nacionalistas, pactar con una extrema derecha en ascenso resulta cada vez más caro en términos de imagen; para los socialistas, CC es un socio de gobierno más previsible que una izquierda dispersa. La Laguna ya no parece una excepción, sino el ensayo de un modelo exportable.

Y es un modelo que la geografía del voto hace casi natural. El PSOE lidera las encuestas en La Laguna y en Santa Cruz de Tenerife, mientras que Coalición Canaria cada vez es más potente en su Cabildo. Un pacto generalizable repartiría el poder de forma ordenada: alcaldías socialistas en las dos grandes ciudades y presidencia nacionalista en la institución insular. Cada uno gobernaría donde es más fuerte y apoyaría al otro donde no llega.

Esa misma lógica, sin embargo, complica el resto de combinaciones. Un acuerdo CC-PSOE de amplio espectro deja al PP sin función de bisagra, condena a Vox a la oposición y reduce a la mínima expresión el margen de la izquierda alternativa. El sistema se cierra sobre dos actores y desactiva a los demás, precisamente cuando más voces compiten por un hueco.

Solo dos escenarios romperían ese marco. El primero, que Coalición Canaria decida abrirse a Vox y asuma el coste de gobernar con la extrema derecha a cambio de presidir más instituciones; una apuesta arriesgada que tensaría a sus propios votantes moderados. El segundo, que la entente liderada por Nueva Canarias e Izquierda Unida logre un resultado inesperado capaz de devolver a la izquierda un peso negociador que hoy no tiene. Esas dos fuerzas ya han empezado a coordinarse, como mostró su encuentro sobre el modelo turístico en La Laguna.

Mientras ninguna de las dos cosas ocurra, todo apunta en la misma dirección. El miedo compartido a Vox y la fatiga ante una izquierda inestable convierten el pacto CC-PSOE en la opción más cómoda para ambos. Tenerife podría estar entrando en un ciclo en el que nacionalistas y socialistas se reparten el mapa mientras sus competidores discuten desde fuera.

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