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César Hernández Martínez, Villero de Honor a título póstumo

La Corporación municipal reconoce su implicación e impulso como presidente de la Sociedad Liceo de Taoro en la organización de la romería, que este año celebra su 90 aniversario
César Hernández Martínez, Villero de Honor a título póstumo

En un acto celebrado ayer en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Orotava, con un numeroso público conformado por familiares, amigos, y miembros de la Corporación municipal, y presidido por el alcalde, Francisco Linares, César Hernández Martínez fue nombrado Villero de Honor a título póstumo por su papel en la organización de la romería en honor a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza en 1936.

En aquel momento era el presidente de la Sociedad Liceo de Taoro, entidad que a partir de esa fecha y hasta la actualidad se encarga de la organización con la misma estructura, contando para ello con la colaboración del Ayuntamiento.

Este reconocimiento, otorgado por unanimidad del Pleno municipal, se enmarca en la conmemoración del 90 aniversario de la romería, uno de los actos principales de las Fiestas Patronales, y uno de los símbolos identitarios de la Villa de La Orotava.

“César Hernández nació en Las Mercedes, en La Laguna, pero vivió la mayor parte de su vida en La Orotava y dedicó todo su esfuerzo y su talento a la promoción de las tradiciones y al desarrollo social y cultural del municipio, como un auténtico villero de corazón”, subrayó ayer Juan Francisco Hernández Reverón, uno de sus nietos.

En la semblanza que hizo de su abuelo destacó su participación en la Agrupación de Pulso y Púa Los Kiawels, de la que fue fundador junto a Pedro Melián, ofreciendo conciertos por toda la comarca, en la Octava del Corpus Christi, y los Carnavales.

Recordó que siendo presidente de la Sociedad Liceo de Taoro, en 1935 “vio pasar la romería desde el balcón de su casa de la calle San Agustín, en medio de una deprimente desorganización”, y se le ocurrió proponer a la junta directiva la idea de organizar la romería “para darle mayor realce”.

La propuesta salió adelante y se acordó formalmente solicitar permiso al Ayuntamiento, que se lo concedió un año después. A partir de ese momento, se decidió “poner orden en el desfile”, y se dictaron las normas que debían seguirse en el desarrollo de la romería que, tal y como canta la copla, es “la fiesta más bonita que hay en Canarias”.

Juan Francisco Hernández subrayó que desde su primera edición, el Liceo estableció una serie de normas, entre otras, ir vestido con el traje típico; que las caballerías desfilaran enjerezadas al estilo canario, y que las carretas estuvieran adornadas artísticamente, con palmeras, flores y representaciones de toda la gama del diario quehacer campesino. Pautas que, 90 años después, “siguen vigentes y marcan la diferencia y distinción de la romería villera”. También consiguió que todos los agricultores de plátanos de la zona que tenían carretas las engalanaran para la romería.

Fue tal el éxito de la iniciativa del Liceo de Taoro, que en pocos años la romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza se convirtió en una de las fiestas principales y más populosas de Tenerife, tal y como fue reseñada en los periódicos locales de aquella época.

Juan Francisco Hernández definió a su abuelo como “un hombre humanista y muy comprometido con su comunidad”, además de una figura clave en la vida social, cultural y humanitaria del municipio. Realizó estudios de Medicina en Cádiz y se especializó en Odontología; fue presidente fundador de la asamblea local de Cruz Roja y promovió la celebración de la procesión del Silencio en la Semana Santa. La cultura fue una de sus grandes inquietudes y prueba de ello es que formó parte del Patronato Municipal de Música; y construyó el edificio de viviendas y sala de proyecciones y espectáculos Cine Orotava, inaugurado en 1957 y convertido durante décadas en punto de encuentro social para varias generaciones.

Su hijo César Hernández García también pronunció unas palabras para agradecer a la Corporación “el gran honor concedido a su padre”, a quien se refirió como “un villero de adopción que dedicó su vida profesional y social a contribuir, con discreción pero con incansable entusiasmo, al progreso social y cultural de la Villa de La Orotava”.

Un agradecimiento que extendió a los miembros del Grupo Filatélico, Numismático y del Coleccionismo Las Pintaderas de la Villa, impulsores de este reconocimiento municipal, y a la actual junta directiva del Liceo de Taoro, y en especial a Antonio Martín, por toda la información facilitada sobre la romería y las fiestas de La Orotava.

César Hernández Martínez falleció el 4 de enero de 1999 a los 90 años de edad, dejando un legado profundamente arraigado en la identidad festiva, cultural y social de La Orotava.

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