La España que visita el papa desde ayer vive en pleno debate existencial. Este es un curioso país escindido en dos hemisferios que no se pueden ver ni en pintura. Nada más aterrizar en Madrid, León XIV deploró las “narrativas divisivas y polarizantes”, tan del agrado de una derecha española que adora a Trump, incluso al peor Trump.
España se ha vuelto una encarnación de Israel y Palestina, obligados a coexistir como dos Estados, fórmula que algunos aceptan, pero otros no. En el Palacio Real, como si se quitara la muceta antes del discurso de mañana en el Congreso, dejó sentado lo que piensa. Nada de “armas” ni “muros”. Más cultura y educación. Multiculturalidad. Derecho internacional y multilateralismo. No a la guerra ni a la discriminación. Y a los paladines de la ‘prioridad nacional’ les soltó en un centro de Cáritas que “quien está en Madrid es de Madrid”. Y punto.
Este papa tiene más sintonía con la izquierda socialista que con la derecha católica porque la realidad es testaruda. Y la ultraderecha española, llave de la alternancia, es la más radical de Europa. El Gobierno, un día se despertó y el dinosaurio estaba allí. No es un cuento. Todo ha venido rodado antes del viaje del papa. A León XIV no se le oculta esa división drástica entre una Administración que regulariza a más de medio millón de migrantes y otra, la de PP y Vox, que los expulsaría a todos mañana mismo. Para qué engañarnos. Y todavía no sabemos de la misa la mitad.
León XIV recorría ayer la Castellana en el papamóvil, camino de la plaza de Lima para una vigilia con miles de jóvenes, como abriendo un paréntesis en la ‘prioridad nacional’ política española: elecciones anticipadas o moción de censura. En medios ultracatólicos critican la visita por su efecto anestésico de ‘cortina de humo’ para Sánchez, que tendrá seis días de gracia, incluyendo el salto del papa a Canarias la semana que viene.
León XIV viaja a España, y a Feijóo lo que le gustaría es ir a Waterloo para pactar con Puigdemont la censura, hablar de “cosas serias”. Pero Ayuso y Aznar no le dejan. Estos seis días de papa en España no serán de vaselina para los socios de Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde Vox tendrá la ‘voz’ cantante -la competencia- en menores no acompañados. (Que tome nota Canarias de las concesiones a Abascal por parte de Feijóo, su aliado en las Islas.)
La España duplicada que ardía en 2023 por la amnistía, arde ahora por la inmigración, por los juicios de las corrupciones y por las Kitchen de unos y otros. Ahora que los ‘mass media’ habían cogido carrerilla con el réquiem a Sánchez, la llegada del papa les corta el lote. Con lo que había costado conformar una atmósfera, un contexto hostil, cuando ya se bajaban del barco CC, PNV y Junts. ¿Pero quién le quita ahora las portadas al papa?
En el 93, Felipe González, con crisis económica y casos de corrupción, ganó a las encuestas y dejó a Aznar en la oposición. Iván Redondo augura lo mismo para 2027. Estas son las cosas que en EE.UU. hacen millonarios a algunos en el lucrativo negocio de apuestas de Polymarket. Spain is different, decía aquel eslogan de Fraga en los 60.
Así que el papa visita el único país de izquierda del cuarteto europeo. Pero este clímax de élites tensionadas indica lo contrario. Y el anuncio de Sánchez de presupuestos para 2027 sirve para un roto y para un descosido: para agotar la legislatura y para convocar elecciones si las cuentas no furulan, como hizo en 2019.
España superaba en mayo por primera vez los 22,3 millones de afiliados a la Seguridad Social, pero el papa no encontrará un país encantado con esa noticia, sino otro abierto en canal que discute de urnas. Sánchez gobierna desde 2018, es el segundo presidente más longevo tras González. ¿Por qué preocupa la alternancia? Por la coalición PP-Vox, inédita en la planta noble de la política española.
La máxima de Alfonso Guerra, “a España no la conocerá ni la madre que la parió” se desempolva ella sola. Si el papa volviera entonces, creería estar en otro país. La diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo sugiere “sacrificios” en sanidad, vacaciones, festivos o pensiones. Un espóiler que no miente. Para Ayuso, la regularización de migrantes de Sánchez, que el papa, por cierto, aplaude, es “importar pobreza masiva” (sic). Y Vox acaba de participar en una cumbre supremacista en Portugal sobre ‘remigración’, en defensa de “europeos étnicamente blancos”, donde Marine Le Pen y Meloni tuvieron el pudor de no enviar a nadie. Una de las estrellas fue el ‘comandante’ de Trump en el ICE, Gregory Bovino, el de los abrigos de doble botonadura hasta las pantorrillas y corte de pelo militar rapado, cuya represión en Minneapolis costó las vidas de Renee Nicole Good y Alex Pretti.
Bastará cruzar la raya y, al otro lado, España será otra, donde Trump se convierta en un colega, Orbán se reúna con Abascal en la Moncloa o Netanyahu reciba en Madrid la misma medalla que Milei. Y aquí paz y en el cielo gloria, le guste o no le guste al papa.

