Qué delimita una lectura consecuente hoy del impar e irremplazable Quijote de la Mancha? Porque, en efecto, aparte de ser la novela de formación que ha traspasado los siglos, resulta total. Es uno de los libros más maravillosos que han escrito los hombres. ¿Por qué? Porque su autor, don Miguel de Cervantes Saavedra, se encontraba allá por los años 1594-1604 en la cumbre del entendimiento. Por eso se preguntó cómo se escribe una novela, y así resultó: la dispersión de la Primera, la concisión de la Segunda o el juego de los autores, el preocupado del presente junto con el arábigo en su lengua que habría de traducirse Cide Hamete Benengeli; además resolver la enjundia que ha de tener un escrito para ser modélico y atractivo. ¿A qué se acoge Cervantes? Primero a su signo progresista frente a la ignominia de la realeza y la política de su tiempo; Cervantes un reformista. ¿Qué? Crear un ideal de conmoción, una propuesta que habría de abrir por la mitad el planeta. Un señor de la Mancha que por su afición a los libros de caballería se vuelve loco decide, casi un siglo después, ser caballero andante y (como apuntó Borges) lograrlo alguna vez. Se tendrá por ocurrente y divertida. Pero eso no pesa sobre su contestatario autor; otro asunto corona esa enjundia. En dos partes interpuestas. El loco y qué significa loco; sujeto fuera del mundo que da a entender un mundo preciso y singular, con el valor que esa posición contiene: las contundentes y severas respuestas del enajenado. Cervantes contra el mundo. Con lo segundo, lo que persigue el autor, frente a la ruina de los vivos, es contraponer el mundo integral, el mundo de la verdadera y exultante ética. Ese es el caballero que sale al campo en busca de deshacer entuertos y proclamar la más absoluta y duradera justicia universal; razones cimeras sobre el buen comportamiento de los nacidos, sobre la dignidad, la responsabilidad, la razón, la solvencia, la sensatez, el buen hacer, el honor. Eso proclama en astucia el Quijote; eso que confirma a la entidad llamada España y la retrata hasta sus confines. ¿Qué compondría hoy el escritor madrileño sobre lo que aquí ocurre, un gobierno que usó las instancias del Estado para salvar a un partido (y Rajoy continúa en su casa), unos jueces que se dan en imputar a otros ciudadanos porque son extraños a su ideología y el gobierno de Sánchez ha de caer más pronto que tarde o un ministro que oteó el estambre dilecto del placer, del dinero, del acomodo, del lujo y del buen vivir y se enfangó con la corrupción? Veinticuatro años es poco, aunque no se entiende que el verdadero corruptor no vaya a la cárcel y no devuelva los tres millones, justicia del país. Sin duda don Miguel de Cervantes reconvendría, pondría a funcionar su magisterio e ingenio y nos daría un nuevo Quijote. ¿Tan contundente? Sin duda.
