¿A qué demonios viene el papa?
Me preguntó qué me parecía la visita del Papa a Canarias.
Le respondí que, si a la gente le parecía bien, ¿quién era yo para impedirlo? Al contrario:
-¿Acaso la gente no llena estadios por oír a Bad Bunny, a los ya viejos Silvio Rodríguez o a la banda mexicana Maná, o más modernos, como Taylor Swift, Jacob Elordi o Rosalía? Además de los recientes o próximos conciertos en Canarias de Sting, Juan Luis Guerra, Alejandro Sanz, Aitana o Maroon 5, Pablo Alborán, Dani Martí, Ms. Lauryn Hil, Camilo, Ana Mena, Nathy Peluso, Don Omar, Arrebato, Farruko o Myke. Otro tanto con conferenciantes políticos, de desarrollo personal o espiritual, como Tenzin Gyatso, el Dalái Lama, Tony Robbins, Jordan Peterson, psicólogo y autor canadiense, Sadhguru (Jaggi Vasudev), yogui y místico indio que llenan teatros y estadios.
-Esos casos lo entiendo, pero ¿qué aporta el Papa?
Pensé que, para él, no le aporta nada, pero para muchos creyentes, les consolida su fe y espiritualidad. Eso él no lo entendía. Desgraciadamente suele suceder con la gente más radical, sea de izquierda o de derecha. No me imaginaba que los de Vox, según el sondeo de Gesop, fueran los más hostiles a la venida del Papa, pues lo consideran muy progresista. Sin embargo, los más acogedores son de partidos moderados como PP y PSOE, los más jóvenes, los mayores, y las mujeres.
La inteligencia virtual aplaca el desfondamiento y encauza el desbordamiento
Aunque se lo explicara, de nada servía, como aquel test de Eysenck, que mostraba una sucesión de gatos y, cuando los gatos se iban transformando en perros, los radicales de ambos extremos seguían viendo gatos. Entonces le expliqué que no somos calculadoras perfectas que registran la verdad fría del universo; somos simuladores cuánticos que inyectan toneladas de virtualidad a la materia para obligarla a tener sentido. El desbordamiento y el desfondamiento, los dos procesos en que suele aparecer la Deidad, son las evidencias matemáticas de que fuimos programados para el infinito operando dentro de un cuerpo y un mundo finitos.
-¿Toneladas de virtualidad? Para ti, ¿qué es lo virtual? -me planteó casi como desafío.
Lo virtual va más allá de lo real. Cuando mi nieta con tres años coge una muñeca, la arrulla y la cura con una tirita, es un enfoque virtual, pues la muñeca es ‘como si’ fuera una bebé… Ella se mueve en una realidad, a la que le añade constantemente lo virtual del como si…
La mente está genéticamente programada hacia lo más sublime, en el amor, el arte o la trascendencia y en ese mismo proceso se encuentra la locura colectiva por un cantante, por un político o por el Papa. Constituye una perspectiva de vanguardia, para entender, junto con las matemáticas, la cuántica o la biología, la propia existencia de Dios.
Otro tanto le ocurre a Germán con 68 años, que al subirse a la guagua se quedó imantado por la belleza, mirada y sonrisa de la conductora. Se fue al asiento y entonces su pensamiento se disparó en abrazos, sonrisas y bondades… A un atisbo de realidad, él le añadía toneladas de virtualidad.
Igual que Katy, que, con 40 años de casada, ve a su marido, que duerme a su lado, como un genio, un ser mágico o un dios, a partir de sus ojos sonrientes, su complicidad, humor y bondad…
El misterio de los tres años: un software programado de fábrica
Si pienso en mi nieta, en esa edad, su pensamiento mágico simbólico de forma innata activa una capacidad de virtualización asombrosa: ve a sus padres como deidades de carne y hueso. En la padre ve la habilidad absoluta; en la madre, el alivio infinito.
La psicología clásica diría que, al crecer, proyectamos esa imagen parental para inventar a Dios. Pero la realidad es la inversa: los padres terrenales son demasiado limitados para llenar un molde tan colosal y los mitificamos.
La mente humana nace con el slot, con la interfaz de la Deidad ya instalada de fábrica, similar, pero diferente a Platón. Cuando los padres “se quedan cortos”, ese software de apego sigue buscando su verdadero objeto de conexión en lo trascendente.
La prueba del sentido: el Teide y el océano
En la naturaleza, ningún sentido evoluciona hacia la nada. Si el ser humano tiene oído, es porque existen las ondas sonoras; si tiene olfato, es porque hay moléculas en el aire. Cada órgano es la prueba irrefutable de que existe el objeto con el que se relaciona. Bajo esta lógica, nuestra capacidad nativa para concebir lo invisible y lo eterno no es un error de fábrica: es un sentido en sí mismo.
Vivir en un archipiélago agudiza esta intuición. El canario, rodeado por la inmensidad del océano y custodiado por la majestuosidad del Teide o de originales roques entiende mejor que nadie que la condición de isla no es aislamiento, sino una ventana abierta al misterio.
Tenemos sed de infinito porque fuimos diseñados por una Realidad sin límites; el paisaje canario es el recordatorio físico de que nuestro sistema operativo está conectado a un servidor eterno.
La física cuántica y León XIV en las islas
Hoy la física respaldaría esta visión de forma asombrosa. Sabemos que el universo, en su nivel más profundo, no es material, sino puro código matemático. Las partículas subatómicas necesitan de un Observador para colapsar y convertirse en realidad sólida. Dios sería esa Conciencia Suprema: el Observador Virtual Primario que sostiene el código del cosmos, segundo a segundo.
Cuando el Papa León XIV pisa suelo canario, opera como el máximo catalizador de ese “software invisible”. En la figura del Pontífice, la abstracción del universo y la inmensidad del océano se concentran en una presencia tangible. El Papa no es Jesús, pero es como si… lo fuera.
Al mirar al Papa, el pueblo canario confirma que la fe no es una pieza del pasado, sino el verdadero suplemento que da sentido a lo real, haciendo vibrar el corazón de las criaturas con el del vivo Programador.
