el chasnero

Fútbol quirúrgico

En su columna El Juego Infinito, en El País, mi querido y admirado amigo Jorge Valdano defiende que, normalmente, el campeón saldrá del grupo de ocho países que ya levantaron la Copa. Y remata con su característica pericia: “Pero, más allá de quién gane, el Mundial vuelve a recordarnos algo que el siglo XXI parecía dispuesto a borrar: que seguimos necesitando pertenecer a algo. A una historia, a una bandera, a una camiseta. Aunque sólo sea durante cuarenta días.”
Jorge comenta los partidos para la Televisión Azteca y yo lamento profundamente que no lo podamos oír aquí. Su recurrencia, su profundidad, su filosofía, su sabiduría, su consecuencia y su poesía, que ya disfrutamos en la Isla cuando dirigió a nuestro equipo y dispuso los cimientos del gran Tenerife de los 90, constituyen una composición dialéctica, incluso socrática, especialmente apetecible para los telespectadores.
Extraño a Jorge, especialmente, desde que la FIFA -la misma institución, señor de la cañita, que concedió el Premio de la Paz a Donald Trump-, se ha avenido a permitir que, en las conferencias informativas oficiales, se hable el castellano; una opción elemental que estuvo proscrita, en determinadas hipótesis, durante varios actos.
Así sucedió que un periodista español de DAZN, Sergio Quirante, formuló una pregunta en nuestro idioma a Vinicius, momento en el cual un intermediario de la FIFA ordenó tajante y hasta abruptamente que el interrogante y la respuesta se produjeran en inglés. Ya vimos la cara del brasileño, tan levantisco y desobediente él, cuando el agente “fifero” le espetó, sin anestesia, “we only speak english”.
La prohibición del castellano, en determinadas circunstancias, habría impedido que algún periodista uzbeko preguntara a Luis de la Fuente, por ejemplo, qué quiso decir cuando explicó -con aquella estratégica argucia- que la clave del empate de España ante Cabo Verde fue que “el balón no quiso entrar”. O sea, para que Infantino no se encochine, “the ball just wouldn’t go in”. No quiero dramatizar, pero el seleccionador español me recordó a Vujadin Boskov, quien -ejerciendo como entrenador del Real Madrid- acuñó la célebre expresión “fútbol es fútbol” y no contento con ello argumentó que quería decir que “todos los partidos empiezan con empate a cero”. El yugoslavo escapó loco, entre otras razones porque Santiago Bernabéu, que era mucho más “serbio” que él, había abdicado un año antes.
Durante estos días, hemos oído otras expresiones que los nihilistas conceptuarán “eximias” o incluso “doctas”, como la utilizada por Orfeo Suárez, redactor de El Mundo, quien escribió que “la posesión llevada al absurdo es un parabrisas”. O, explicado mejor por el propio Valdano: “España tiene una habilidad incomparable para dialogar con el balón… excepto en los últimos veinte metros”; sordera la cual es, obviamente, muy puta.
En la página de RTVE, se contiene que España dio 800 pases e hizo 27 remates, 7 de ellos entre los tres palos, a la portería de Vouzinho (héroe nacional caboverdiano), y también que -sin embargo- Mikel Oyarzábal estuvo los 30 primeros minutos sin tocar un balón; o sea, viendo el “parabrisas” sin tener la posibilidad de limpiar una jodida gota.
Entiendo perfectamente la “cabreadura” global, pero procede enviar un mensaje de quietud y bonanza a la peña, puesto que -de acuerdo con la estadística- España no suele debutar con éxito en este certamen, y, si no, recuerden su estreno en Valencia en 1982. En aquella fecha, 16 de Junio, Honduras obtuvo un empate (1-1), a resultas del cual los catrachos (gentilicio de nuestros rivales) salieron a celebrar en las calles de Tegucigalpa con cohetes, petardos… ¡y armas de fuego!
Contra Arabia Saudí, mañana, sugiero a Luis de la Fuente que componga -lo que también ya es parte del léxico balompédico- un “ataque quirúrgico”; el cual, al parecer, viene determinado por una ofensiva rápida, directa y combinada.
Ya hemos dialogado bastante con el balón, y, el muy caprichoso, no quiere entrar.

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