Las malas lenguas sostienen que la última de Trump para evitar perder las elecciones de medio mandato es la idea de comparecer y dar la noticia al mundo de que “no estamos solos”.
Esas palabras, inspiradas en la famosa cita de Arthur C. Clarke (o estamos solos en el universo o no lo estamos, y las dos posibilidades son igualmente aterradoras, sostenía el autor británico), resuenan, por lo visto, en los pasillos de la Casa Blanca desde hace algunas fechas, pero, sobre todo, desde el estreno este mes de El día de la revelación, de Steven Spielberg, ferviente partidario de los fenómenos aéreos no identificados (UAP), los ovnis de toda la vida. Trump ordenó la desclasificación de documentos sobre el tema tabú de la existencia de los extraterrestres. Aún así, me cuesta creer que hay un plan de Gobierno para el caso. No sería inocuo.
En su entorno, conscientes de que peligran las elecciones de noviembre, algunos le estarían picando el orgullo para dar un vuelco a las encuestas, tras el hazmerreír de la pírrica paz en Irán firmada en Versalles, que el New York Times tituló categóricamente como una derrota: El presidente Trump perdió esta guerra. Saben que es el presidente más torrente, capaz de ese anuncio histórico, con permiso del Estado profundo -con el Pentágono que no cuenten-. Trump era escéptico, pero está al borde de un precipicio. Que la gran revelación de que hay vida extraterrestre y EE.UU. tiene pruebas sería un bombazo, está fuera de toda duda. Este es el presidente más temerario que se recuerda. La guerra de Irán era uno de esos ‘botones de pánico’. Y lo pulsó.
En la era de la inteligencia artificial -y los papeles de Epstein- no es impensable ese scoop en su boca incontinente. ¿Pero está preparada la sociedad para un shock ontológico de este calibre? La consultora Deloitte advierte del impacto social, económico y geopolítico de un cisne negro sistémico como este. Tras la IA, habría, de golpe, sobre la mesa otra inteligencia no humana. La ruindad política de este runrún es devastadora en clave española. Insisto en que no me creo que algo así esté a la vuelta de la esquina.
¡Lo que faltaba!, saltaría Feijóo, viéndose sin elecciones prematuras ni viento de popa. Trump le quemaría el bosque: la crisis de ZP, las joyas, la imputación filial y las cautelares del juez Peinado a Begoña Gómez, ¡el no va más! No puede ser que a Sánchez lo salven los extraterrestres. La opinión pública pondría el foco en los alienígenas y no en Zapatero, ¡mecachis en la mar! Hay que ponerse en la piel de ese hombre, que no nació con la paciencia de Santa Teresa.
En el 38, Orson Welles la armó con la adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, la novela de H.G.Wells, sobre la falsa invasión de marcianos en Nueva Jersey, que la gente se tragó con terror.
Feijóo teme cualquier contratiempo. Ya ha perdido los nervios. Llama “trileros” a Junts y PNV por negarle la censura con Abascal. Llama “cobarde” al presidente. Y estuvo entre romo y mendaz en El Hormiguero. El juicio a David Sánchez no salió como esperaba y podría ser absuelto. Y están los 4,4 millones de Quirón al novio de Ayuso, que destapó El País. Y la posible condena del exministro del Interior Jorge Fernández (15 años le piden por la operación Kitchen). O el juicio oral contra Francisco Granados y otros 40 implicados en el ‘caso Púnica’ (42 años de cárcel en el alero)… Ya sé que son noticias de un limbo que no trasciende.
Feijóo sabe que ahora todo se rige por una lógica de aceleración y, a la mínima, se le cae el castillo de naipes. “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, reza con Abascal para conjurar el peligro. Los dos fueron a la Embajada y dependen de Trump -no solo por el teléfono clonado en EE.UU. que asedia a ZP-, necesitan que gane las elecciones midterm.
La buena noticia para los dos es que Europa se ultraderechiza y adopta el modelo Trump de deportaciones hacia campos de concentración en terceros países, niños incluidos, como el pequeño Liam, ecuatoriano, detenido por el ICE de Trump con un gorro azul y una mochila de Spider-Man. Gritan eurodiputados ultras: “¡Mandadlos de vuelta!”. El reglamento de retornos, con la digna oposición de España, escupe sobre el mensaje del papa. Europa zarpa y se va.
“No estamos solos”, es lo que Trump, JD Vance y Marco Rubio tienen en la punta de la lengua. Lo de Europa es lo de Groucho Marx, otra clase de principios. A los migrantes se les llama aliens en EE.UU. Y todo esto nos interpela a los canarios. ¿Qué rol nos asignarán PP y Vox si gobiernan? Se cumple un año de la reforma de la Ley de Extranjería que tumbó el rechazo de ambos partidos al traslado de menores a la Península. Habrá campos de deportación en otros países y Canarias será el lugar de confinamiento de los que vengan en cayucos desde África. Diga lo que diga Trump, nosotros sí estamos solos.
