Sobre el diagnóstico de la situación de la vivienda en el Archipiélago poco más se puede decir. No hay político que no la nombre como una coletilla, como un mantra en cada una de sus intervenciones públicas, da igual que muchos de ellos lleven 30 años gestionando las administraciones públicas, qué más da eso, es solo un detallito sin importancia y que a nadie se le ocurra recordarles que quizás “algo” de responsabilidad tienen en la situación.
Pero aún así, sigamos, para intentar aportar en positivo y meternos de lleno en el drama brutal del acceso a la vivienda en Canarias, no como un eslogan ganador, sino como debate muy complejo, con muchas aristas y del que puedes salir magullado —o triturado— si no dices lo que el consenso mediático y político espera que digas.
Empecemos. La frase más repetida por quienes nos trajeron a esta situación la hemos oído mil veces: hay que construir más. Y punto. La reflexión empieza y acaba ahí. Sin matices. A priori, se supone que nadie en su sano juicio debería oponerse a que se construyan viviendas con la que está cayendo… ¿o sí?. Intentemos poner vuelo de guirre un momento y vayamos a la raíz con unas cuantas preguntas que por lo menos nos hagan dudar ¿Construir más solucionará el problema de la vivienda en Canarias?, ¿Quién compraría esas viviendas y a qué precio?, ¿Quién las construiría?.
Según la patronal de la construcción, hacen falta 140.000 viviendas en Canarias para cubrir la demanda actual. Más allá de los intereses económicos evidentes detrás de dicha afirmación, nos sirve la cifra como referencia para continuar dándole al coco un poco, intentando pensar con libertad sin que nadie lo haga por nosotras y nosotros.
Vivimos en una tierra donde el año pasado una de cada tres viviendas que se vendieron las compraron extranjeros de alto poder adquisitivo, y la mitad de ellos ni siquiera son residentes, o sea, ni siquiera vívian aquí cuando las compraron. Ahora ya puede que sí, por lo menos tienen donde quedarse a dormir. Las familias populares canarias no, pero así es el mercado amigo.
Si el dato de la patronal no nos parece lo más adecuado para analizar nada, podemos usar las cifras oficiales del Observatorio Canario de la Vivienda, que hablan de que existe suelo urbano en el Archipiélago para construir 125.000. La cifra cambia un poco, pero las preguntas son las mismas. ¿Creemos de verdad que en el caso de que se construyeran todas esas viviendas con una varita mágica, vivirían en ellas familias canarias?, ¿Estamos convencidas que esas viviendas serían usadas por personas que ya residen aquí?.
Es un disparate lo miremos como lo miremos. A no ser que nuestra aspiración sea llegar en unos añitos a los tres o cuatro millones de habitantes y construir apartamentos en Timanfaya y en Garajonay. Y seguir cobrando sueldos de mil y poco euros por supuesto, eso que nadie lo dude.
Según los datos del INE, en Canarias hay 211.000 viviendas vacías. El Instituto Canario de Estadística cifra en casi 43.000 las viviendas dedicadas al alquiler vacacional en el Archipiélago.
Teniendo esos datos sobre la mesa y cruzándolos con el castrato, es fácil llegar a conclusiones diferentes de la moto que nos quieren vender. Según la Dirección General del Catastro, las personas que tienen una vivienda en propiedad en la actualidad son prácticamente las mismas que hace cinco, la cifra apenas ha variado. ¿Y entonces? ¡Cómo va a ser eso! ¿Dónde está toda esa compra venta de vivienda batiendo records?. Pues fácil, mis queridos amigas y amigos, ¿Adivinan qué colectivo de compradores ha crecido significativamente en nuestra tierra en los últimos años? Pues, oh sorpresa, los megapropietarios.
Menos de 17.000 personas —16.793 para ser exactos— son dueños de 256.000 viviendas en el Archipiélago. Casi nada. Para entrar en este selecto grupo hay que ser propietario como mínimo de 11 viviendas. De ahí, pa’rriba. Pero claro, si propones meterle mano al alquiler vacacional, intervenir la vivienda vacía de los grandes tenedores, controlar los precios del alquiler desde los poderes públicos o limitar la residencia en el Archipiélago, te llaman de todo. A Drago Canarias son capaces de llamarnos nazis y comunistas, vendidos y radicales, todo en la misma semana. Si es que al final le sacan a uno una sonrisa y todo, aunque la cosa no esté para muchas bromas.
Supongo que el precio a pagar por dar la cara, por hacer trabajo serio y riguroso sin apenas recursos económicos y por no rehuir debates espinosos, es este. Recibir ataques, mentiras y difamaciones de todo el espectro político que lleva mamando del bote toda la santa vida y condenándonos al resto a sufrir las consecuencias de su gestión.
No nos importa. Mucha gente, cada vez más, nos agradece la valentía, reconoce el valor de enfocar debates públicos desde otros ángulos y se une a participar con un objetivo bien claro: cambiar nuestro presente y nuestro futuro con análisis, propuestas y trabajo propios, sin tener que importarlos desde fuera y sin tener que pedir permiso a nadie.
Canarias somos un pueblo que habita un Archipiélago diverso, no solo geográficamente, que también, sino a muchos niveles. El diagnóstico no es igual en todas las islas y por lo tanto las soluciones tampoco deben serlo en todos los casos. No es lo mismo Fuerteventura y Lanzarote, con crecimientos demográficos insostenibles, que la realidad poblacional de La Palma, La Gomera o El Hierro, o el colapso indiscutible de Tenerife y Gran Canaria, sumando entre las dos casi dos millones de habitantes y creciendo.
Lo que sí es común a todas es la certeza de que no aguantamos más y que hay que meter mano a la situación. No se puede vivir así y tenemos todo el derecho a exigir cambios reales para que el modelo económico que hace ricos a unos pocos a costa del resto no nos acabe expulsando de nuestra propia tierra. Que por cierto, es también la de nuestras hijas e hijos, aunque algunos se empeñen en dejarles solo escombros, paro, precariedad y aguas residuales.
*Concejal de Drago Verdes
Canarias en La Laguna
