por qué no me callo

Pasar página con la mente en Waterloo

A Feijóo se le ha ocurrido hacer el rendibú a Junts para intentar una investidura que no logró en 2023, pero esta vez en el florero de una censura. El sábado, en el Congreso del PP catalán, mientras se reunía el comité federal del PSOE, proclamó, por sorpresa, su deseo de “pasar página” sobre el procés.

Luego, ya no piensa derogar la ley de amnistía, lo que no deja de ser una sacudida sísmica en la derecha española. Y un test para su alianza con Vox.

Hace tres años, Feijóo acusó a Sánchez de “comprar” a Junts la investidura, y ahora es lo que él pretende hacer, tragándose sus propias palabras. Hemos ganado todos, y el vale todo para llegar al poder no volverá a ser en España un reproche. Ha sido el mayor acierto de Feijóo o su mayor error.

Por otro lado, la decisión implica su primer acuerdo tácito con Sánchez. Los dos ya coinciden en perdonar a Puigdemont. Ahora solo resta que el PP le permita ir a Waterloo, con lo que se adelantaría a Sánchez, que ha aplazado sin fecha la visita al catalán en su Camelot belga. La batalla de Waterloo por La Moncloa la carga el diablo. La historia recuerda que ahí Napoléon sufrió una derrota definitiva. Hay cierta superstición en ese viaje fetiche.

El sábado, Feijóo dio el volantazo en Barcelona. Y aún no ha empezado la saga de politólogos a sacarle lasca al asunto. Hay una evidente urgencia del líder del PP por si surge algo que le estropee el caldo.

¿Por qué ya la amnistía no amenaza la unidad de España como hace tres años? Hubo movilizaciones y Aznar tocó a rebato con un tono desiderativo, al calor de grotescas protestas desde octubre de 2023 en Ferraz, sede del PSOE, y aquel apaleamiento de un monigote con pinta de Sánchez. Poseído por el espíritu de la historia, Aznar pareció rezar una oración: “El que pueda hablar, que hable. El que pueda hacer, que haga. El que pueda aportar, que aporte. El que se pueda mover, que se mueva.” Y de la proclama salió un apotegma que se hizo muy popular: “El que pueda hacer, que haga”.

Estoy recordando unos hechos recientes, pero ya históricos. El Gobierno de Sánchez, investido el 16 de noviembre de 2023, tras el turno fallido de Feijóo, enfrentó una ola de manifestaciones de rechazo cuartelario a la ley de amnistía que perdonaba los delitos del procés de 2017. Ese “donde dije digo, digo Diego” de Feijóo en Barcelona (“Nosotros también queremos pasar página”) habría merecido unas disculpas al pueblo español, al que se sobresaltó con la vara de que España se caía a pedazos. Decirlo con la boca chica sabe a poco. Pero está bien, es lo mejor de Feijóo hasta ahora.

Vale la pena dejar atrás el procés y todas aquellas manifestaciones y mítines y recursos de inconstitucionalidad. Feijóo tuvo un mal día que duró tres años. Y dejémoslo ahí.

El dato ahora es que el sábado 27 de junio de 2026 se produjo una retractación de Feijóo sobre la ley de amnistía, impensable, quizá, si Ayuso no pasara por lo que está pasando y Aznar no se hubiera replegado tras el caso Zapatero, sin querer mezclarse con Felipe González. De modo que chapó para Feijóo, que ha tenido que tragarse este sapo tras una mala resaca de tres años. A Vox no ha debido de hacerle gracia y ha desempolvado que es capaz de retirarse de los gobiernos con el PP.

Las prisas de Feijóo por intentar amarrar la censura tienen cierta lógica, ante una eventual condena de Jorge Fernández, exministro del Interior con Rajoy, por el caso Kitchen, y los nervios de Ayuso por su pareja o de Tellado por si Koldo le grabó.

Pero más allá de ese runrún, está la agenda propiamente dicha sobre la amnistía, objeto de la recogida de vela de Feijóo. Previsiblemente, el 16 de julio, el Tribunal de Justicia de la UE, avalará la citada ley, tras lo cual el Tribunal Constitucional daría luz verde a la plena aplicación de todos los beneficios de la misma a Carles Puigdemont, que en octubre podría regresar a España y, ya libre, apoyar los Presupuestos de Sánchez o la censura de Feijóo y Abascal. Para entonces, Sánchez, según conjeturas del comité federal, se dispondría a convocar elecciones en torno a marzo.

Sugiere el New York Times que a Sánchez le acabarán beneficiando los procesos familiares como una operación de desgaste. Está en el horno la sentencia sobre su hermano, un juicio que dicen que no ha salido a gusto del PP y Vox. Y el Constitucional anulará en breve la condena del exfiscal general del Estado por vulneración de derechos fundamentales.

El sábado, Feijóo no cambió únicamente el paso. Sino el pasado. Tres años de un plumazo. Ha sido una rendición, más que una rendición de cuentas.

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