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Infantino, pelota de Trump

La roja fue de libro. Una entrada por detrás, a la altura de la media pierna, con violencia excesiva. Tarjetazo y expulsión del jugador Floralin Balogun, esencial en el esquema USA. Llamada de Trump a Infantino, para pedirle que le retiraran la roja al americano. Y la FIFA, agradecida, accede. Cambia la tarjeta por un año a prueba del jugador. La UEFA ha montado en cólera, la Federación belga también y el mundo del fútbol. El Barcelona sonríe, porque, si esto ocurre, el caso Negreira es calderilla. Para mí lo ocurrido es corrupción. Ya lo han conseguido, ya han contaminado el Mundial, ya se han apuntado al carro de la componenda. Dicen que la FIFA ganará 8.000 millones de dólares con el Mundial. Entonces, ¿qué más da una entrada por detrás y el perdón de una tarjeta roja? Si prostituyen de esa manera el fútbol, no valdrá para nada. Los aficionados se sentirán desilusionados, caerán los derechos de televisión y de las marcas en un deporte que ha sido corrompido por sus dirigentes. Y a mí no me darán ganas de pagarle los 200 euros de cada mes a Movistar para verlo. Infantino la ha cagado y lo han abucheado los aficionados en los estadios en los que dormita, omnipresente. Trump ha metido su negra pezuña en el fútbol, ha influido en el comité de competición de la FIFA, ha comprado a Infantino, ha cagado el fútbol. Pues que le mande también un ramo de flores y un cheque a Negreira y que designe él los árbitros y las sanciones de todas las competiciones del mundo. Es un auténtico escándalo, pero nunca pasa nada. La justicia es tan injusta que un amigo mío, un hombre honesto y bueno, Ignacio González, murió solo en prisión. Los romanos decían que la causa de la causa es causa del mal causado. Este mundo está podrido de origen. Esta es la primera causa.

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