Luis de la Fuente, un riojano de 65 años, otro sabio del fútbol, profesor de la Escuela de Entrenadores, listo como una tea, religioso, sencillo, cercano, ni una palabra más alta que la otra, comprensivo, patriota. Parece que lo tiene todo, pero casi nadie creía en él, yo tampoco, ni en la Selección, ni en el papel global de España en un deporte llamado fútbol. Y ahora resulta que hasta los suplentes lo adoran, que ha sido capaz de crear un equipazo que asombra al planeta tierra y que se coloca en el top del ranking de la FIFA y me da que por muchos años. En la Selección Española de Fútbol no hay egos y cada uno está en su sitio y sabe lo que tiene que hacer. Y todo esto gracias a Luis de la Fuente. Que se ha mamado las categorías inferiores, que no sabe lo que es ser un divo, que ha cogido el testigo de otros dos monstruos como Luis Aragonés y Vicente Del Bosque y que ha puesto a nuestro país allá arriba. Conoce los entresijos administrativos del fútbol español, gracias a sus años de estancia en la Federación como entrenador de sus selecciones menores, pero ya ha ganado un campeonato europeo de selecciones y un campeonato mundial con la llamada “absoluta”, entre otros torneos. Casi nada este Luis de la Fuente, manteado por sus jugadores frente al Ayuntamiento de Madrid, ante dos millones de personas. ¿Se puede hacer más por España? Yo creo que no. Apenas se le ha oído, los cambios que ha hecho en el equipo durante los partidos del Mundial han funcionado como un reloj y este hombre se ha ganado el título de sabio del fútbol. Ha enseñado a un montón de entrenadores, pero su humildad hace que pase desapercibido. Está claro que el mundo es de los mansos de corazón. O debería serlo.
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