Largas noches en vela para ver todos los partidos del Mundial, que afortunadamente ha dejado atrás la anodina fase de grupos. Ahora es otra cosa. Se ven selecciones muy buenas, sin citarlas porque la cosa va a tal velocidad que a lo mejor nombro a una y ya está camino de casa. Vaya negocio está haciendo la FIFA con este Mundial. Los ingresos son estratosféricos. Infantino tiene un Gulsftream privado, cedido por Qatar, que le pone de un punto a otro en un plis plas. Puede ver un partido en Boston y otro en Monterrey el mismo día. Y trabajar a bordo, porque le han montado una oficina en el interior del avión. Si quiere ducharse, también puede hacerlo. Cada vez que se celebra un Campeonato Mundial se cambian algunas reglas. Las que ahora sufren modificaciones son las pérdidas de tiempo: cinco segundos para un saque de banda y cuando se demora un saque de puerta se concede un córner al equipo rival. Además, se penalizan los bloqueos y se permite algo más el contacto. Se pitan muy pocos penaltis y el VAR interviene también cuando un saque de esquina es injustamente señalado. Estas noches de fútbol sustituyen a las noches de Netflix, o sea, que cambio partido por película. Por cierto, ya vi Torrente, presidente y me causó una cierta desilusión. Son gags muy repetidos en películas anteriores de la serie, aunque tiene la peli ciertos golpes que te hacen, al menos, sonreír. No hay que dudar de la capacidad para hacer cine comercial de Santiago Segura. Incluso tenemos una intervención de nuestra Marta González de Vega, actriz y guionista tinerfeña. No he salido a la calle desde el artículo anterior, así que me han pasado muy pocas cosas. La principal es que se acabó, por fin, junio, que ha durado un montón.
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