Un equipo internacional de investigadores formado por el profesor de geodinámica, Jorge Sanjurgo-Sánchez, Universidad de La Coruña, España; el físico nuclear Georgios S. Polymeris, laboratorio de Arqueometría, Centro Nacional de Investigaciones Demokritos, Attiki, Grecia; el arqueoastrónomo Michael A. Rappenglück, de la Sociedad Europea de Astronomía y Cultura, Alemania; el biogeógrafo alemán Dominique Göerlitz y el biólogo canario Gustavo Sánchez Romero (Proyecto Abora de Navegación Antigua y Cultura / Pirámides Guanches), ha datado recientemente, y por vez primera en la historia, dos estructuras piramidales del norte de Tenerife en una edad anterior a la era Cristiana.
El experto en biogeografía, navegación experimental y antiguas civilizaciones, Dominique Göerlitz, bajo el proyecto Abora, ha financiado y promocionado tanto el estudio de campo, asistido en todo momento por el biólogo tinerfeño, Gustavo Sánchez Romero (autor del libro “Pirámides Guanches de Canarias”), las recogidas de muestras y el análisis de las mismas, realizados en la Universidad de la Coruña, en el laboratorio dirigido por el Dr. Sanjurgo-Sánchez, geólogo experto en dataciones. Asimismo, éste ha contado con el apoyo del Dr.
Polymeris, físico nuclear, también especialista en dataciones antiguas y arqueometría. Ambos expertos cuentan con una dilatada trayectoria de más de 20 años en su campo, ya que han datado de numerosísimas muestras en importantes yacimientos arqueológicos de la Península Ibérica, Grecia, Egipto, Turquía o Irlanda, por nombrar solo algunos.
Los resultados de la campaña y de los análisis realizados fueron presentados el pasado día 3 de julio en el salón de actos del MUNA, Museo de la Naturaleza y la Arqueología (Santa Cruz de Tenerife), adscrito al Organismo Autónomo de Museos y Centros, bajo el título: “Conferencia ABORA: Las pirámides escalonadas de las islas Canarias: ¿más antiguas de lo que se creía?”. Allí se llevaron a cabo ocho ponencias a cargo del equipo investigador, respaldadas por las intervenciones del director del Museo Arqueológico de Tenerife y del Instituto Canario de Bioantropología, Dr. Conrado Rodríguez
Maffiotte Martin, la arqueóloga Prof. Dra. Carmen del Arco, ex catedrática del Área de Prehistoria de la Universidad de la Laguna y el botánico Dr. Jonay Cubas, también de la ULL.
Una novedosa técnica sobradamente comprobada
En boca del Dr. Sanjurjo-Sánchez “La datación por luminiscencia de superficies de roca es conceptualmente análoga a la datación de sedimentos, pero presenta desafíos adicionales. Cuando una superficie previamente expuesta al sol queda enterrada y protegida de la luz (por construcción, colapso, adición de mortero o enterramiento natural), comienza a acumular dosis. Así, la Luminiscencia Ópticamente Estimulada (OSL) de superficie, permite datar el momento en que la roca dejó de recibir luz -es decir, la fecha de construcción o enterramiento- algo que ninguna otra técnica puede proporcionar directamente. Esto se realiza tomando la muestra en oscuridad y extrayendo en el laboratorio (bajo luz roja) una capa superficial de 1–2 mm”. Esta técnica se ha convertido en un método fiable y versátil, y en el único método, que permite datar directamente materiales geológicos y arqueológicos, siendo en la actualidad la técnica más empleada después del Radiocarbono. En geología se ha utilizado ampliamente para datar todo tipo de sedimentos, y en arqueología no solo sedimentos, sino también cerámicas, morteros, ladrillos de construcción, hornos, etc. Las complejas mediciones de las rocas y los sedimentos de las pirámides tinerfeñas estudiadas, revelaron rangos de edad significativamente diferentes para las dos estructuras. Según los resultados actuales, la primera pirámide data de entre aproximadamente el 500 antes de Cristo (a. C.) y los primeros siglos después de Cristo (d. C.). Para la segunda, sin embargo, los datos de OSL indican una edad mucho más antigua, de entre aproximadamente el 2400 y el 2700 a. C.
Nuevos datos, nuevos retos, nuevas interpretaciones
Las nuevas dataciones indican que las pirámides no son históricas, como muchos investigadores han defendido, asociándolas a una función agrícola, fruto de la limpieza de terrenos por cultivar. Como se ha puesto de relieve, son muy antiguas (sobre todo la segunda), ya que en aquellas fechas (2500 a. C.) se empieza, por ejemplo, a construir la Gran Pirámide de Keops, aparecen ya civilizaciones megalíticas y los zigurats mesopotámicos están en pleno esplendor. Por lo tanto, surgen nuevas preguntas ¿quiénes, y bajo que paraguas cultural, las construyeron? Dichos constructores podrían haber sido pueblos saharianos que alcanzan las islas huyendo de la desecación del Sahara, donde también se han hallado estructuras escalonadas muy similares (bazinas), o navegantes mediterráneos / próximo Oriente, que alcanzan las islas fruto de contactos marítimos tempranos en el ámbito atlántico. Todas estas importantísimas nociones ponen de relieve muchas otras cruciales interpretaciones: Los constructores de dichos monumentos navegaban de manera autónoma por aquel entonces, eran consumados arquitectos y además tenían ciertos conocimientos sobre astronomía (las alineaciones piramidales con ciertas estrellas y posiciones del sol así lo corroboran). La datación algo más temprana de la primera pirámide estudiada (fechada en el 500 a. C.) nos retrata algo fascinante: La cultura guanche, plenamente asentada ya en esas fechas, y que surgió de esos primeros constructores de pirámides (probablemente saharianos, debido principalmente a la genética y la escritura que hallamos en Canarias asociada a zonas como Libia, Argelia, Sáhara Occidental o Marruecos) siguió construyéndolas, probablemente para honrar de esa manera la memoria de sus ancestros. Dichas estructuras escalonadas, ahora transformadas por los guanches en monumentales y sofisticados edificios, elevan al simple humano hacia el cielo, donde, titubeante, se proyecta hacia lo alto, donde residen los altaneros y misericordiosos dioses, omnipotentes, omniscientes, omnipresentes. Allí el simple mortal espera encontrar respuestas, sabiduría, consejos, sanación y conexión con el mundo espiritual. La pirámide es por lo tanto el vehículo que une lo terrenal con lo celestial, la pétrea máquina que hace posible la tan buscada “alquimia espiritual”, una intrínseca necesidad humana que es muy antigua, tanto que se pierde en la noche de los tiempos.
