tribuna

Canarias en Azores

Una de las cosas que más llama la atención a los canarios que visitan Azores es la gran cantidad de palabras de su habla tradicional que emplea la gente del lugar. Voces del español insular tan peculiares como aguaviva (medusa), bubango (calabacín), guecho (novillo), bolla (pan de trigo), mollo (manojo de mies), frescal (hacina de mollos) refega (viento que baja de la cumbre al mar), vieja (pez que los científicos denominan Scarus cretensis), bocanegra (pez que los científicos denominan Helicolenus dactylopterus), caldera (cráter apagado de una montaña), masapez (tierra rojiza), pan por Dios (presente que se da a los niños el día de Todos los Santos) reinar (amohinarse), andoriña (golondrina), fole (talega de cuero), quella (tiburón que los científicos denominan Prionace glauca), majuga (sardina pequeña), callao (canto rodado), garajao (ave palmípeda acuática), arrife (terreno baldío o erial), fajana (terreno llano al pie de las laderas formado por materiales desprendido de las alturas), canario (especie de pájaro de color amarillo) gofio (harina de granos tostados), el apellido Bethencourt, etc., les salen constantemente al paso por aquí y por allá al tiempo que recorren su discontinua geografía dividida en nueve territorios distintos, uno de ellos nombrado precisamente Graciosa, como la “octava isla de Canarias”. ¿Cómo se explica tal cantidad de coincidencias léxicas, culturales y referenciales entre ambos archipiélagos de la Macaronesia?

En primer lugar, se explica por la enorme influencia que ejercieron los portugueses en Canarias entre los siglos XV y XVIII, pero, sobre todo, del XVI al XVII. Es esta circunstancia histórica la verdadera responsable de la mayor parte de las coincidencias idiomáticas en cuestión. Como nos han hecho ver José Pérez Vidal, Antonio Lorenzo Ramos, Carmen Díaz Alayón o Pedro Nolasco Leal y puede comprobarse en mi Diccionario de los portuguesismos canarios (1996), el vocabulario tradicional de las Islas Canarias cuenta con más de 1.000 lusismos, referidos fundamentalmente a la geografía, la climatología, la agricultura, la pesca, la fauna marina, la flora, la artesanía y la vida doméstica. Las coincidencias léxicas citadas no son, por tanto, canarismos en Azores, sino lusismos o portuguesismos en Canarias; palabras portuguesas que, por otra parte, son en buena medida las responsables de la unidad lingüística de la Macaronesia toda, porque muchas de ellas dan nombre también a la fauna, la flora, la geografía, la climatología, la gastronomía, etc., de los otros dos archipiélagos que pertenecen también a este singular espacio insular del Atlántico Norte, que son Madeira y Cabo Verde.

Y, en segundo lugar, se explica estas coincidencias léxicas, culturales y referenciales entre Azores y Canarias por la influencia de nuestras islas en los mencionados archipiélagos lusitanos, en particular Madeira, a través fundamentalmente de los guanches que fueron llevados allí en los primeros momentos de la ocupación de dichos territorios por parte de los portugueses, para ejercer labores de pastoreo y otras actividades, tal como han estudiado Lothar Siemens y otros investigadores canarios y portugueses. Exactamente igual que en Madeiras, también en Azores dejaron nuestros paisanos testimonio de su presencia en la época en que nuestras islas, Madeiras, Azores y Cabo Verde constituían un sistema económico complementario, donde gentes y productos (cereales, vinos, manufacturas…) circulaban en todas las direcciones de su geografía. Mientras Canarias proveía a Madeira y Azores de cereales y vino, principalmente, estas proveían a aquellas de productos manufacturados.

Por una parte, dejaron allí nuestros antepasados la voz canario, que se usa en el archipiélago lusitano que nos ocupa en tres sentidos sustancialmente distintos. En primer lugar, como nombre de una particular variedad de pájaro canario, el canário-da-terra, que Soares de Barcelos define como “pequena ave pertencente à familia Fringillidae, de nome científico Serinus canaria (de Canárias, top.)” (Falares dos Azores. Dicionário de Vocabulário regional de todas as Ilhas), que, por otra parte, ha terminado dando nombre a una de lagunas del área de Sete Cidades y que ha desarrollado la forma diminutiva canarinho para designar un “petisco feito com canários-da-terra temperados con malagueta, vinagre e vino brando, depois fritos en óleo”, como dice el citado Soares Barcelos. En segundo lugar, como nombre de un determinado pez de las aguas insulares, el canário-do-mar, que el mismo Soares Barcelos define como “variedade de peixe presente nas aguas de Açores, muito colorido e possuindo barbatanas peitorais muito longas -donde lhe ven o nome- cientificamente denominado Anthias antias”. Y, en tercer lugar, como apellido de familias de la tierra. Así, el famoso compositor natural de la freguesía de Lagoa (en la isla de San Miguel) José Manul Tavares Canário, tan famoso en su país, que, por otra parte, tiene una calle en Ponta Delgada (capital de la isla citada), la calle Tavares Canário, dedicaba a su memoria.

Por otra parte, tenemos el canarismo gofio, que se emplea en la tierra de Antero de Quental y Gaspar Frutuoso, bajo la forma gofe, en el sentido de farinha de milho torrado, como en Canarias, y que suele usarse para hacer papas de gofe, que el mencionado Soares de Barcelos define como “papas preparadas con farinha de milho depois de torrado. Para preparar as papas de gofe é torrado o milho, que depois de moído e peneirado é misturado com leite, sendo feitas papas que podem ser adoçadas com açúcar. Parece terem sido importadas das Canárias”.

También encontramos regado por todo el archipiélago portugués el apellido de origen indiscutiblemente canario Bettencourt, designativo de importantes familias del lugar, como se pone de manifiesto en el callejero (Rua Doutor Humberto Bettencourt de Medeiro e Cámara, en la citada Ponta Delgada, y Rua Doutor Anibal Bettencourt, en Angra do Heroísmo, Terceira), en edificios públicos (Palácio de Bettencourt, en Terceira, y Casa Museo Tomaz Bettencourt, en Graciosa) y hasta en establecimientos comerciales, como el hotel Palácio de Bettencourt, en Terceira, y Rent-a-Car Bettencourt, en Ponta Delgada. Obviamente, dicho apellido sólo pudo haber llegado a Azores desde nuestras islas, bien directamente, a través de los canarios que se establecieron en el archipiélago portugués con el correr del tiempo, bien indirectamente a través de Madeira, donde, desde el año 1448 se había asentado y dejado abundante descendencia Maciot de Bethencourt, sobrino del primer conquistador de Canarias, Jean de Bethencourt, después de haber traspasado el señorío de Canarias al infante don Enrique de Portugal.

Y no sólo voces exclusivas de su dialecto dejaron nuestros antepasados en Azores, sino también palabras y tradiciones de la cultura española en general, como la leyenda del apóstol Santiago, que se encuentra en la base del nombre de una de las lagunas más importantes de la más arriba citada localidad de Sete Cidades, la Lagoa de Santiago, y que, según los historiadores locales, llegó allí a través de los canarios citados.

Lo que comentamos es prueba de la indiscutible importancia que ha tenido este pueblo pequeño en extensión territorial, pero grande en hazañas y espíritu, que es el canario en la historia de la Macaronesia, en particular, y en la del resto del mundo atlántico, en general.

TE PUEDE INTERESAR