tribuna

Ceuta, punto y seguido

Han pasado tres semanas y la crisis provocada por la entrada irregular en Ceuta de decenas de miles de personas dista mucho de estar resuelta y lejos la deseada vuelta a la normalidad. Grupos de recién llegados deambulan por las calles de la ciudad y se hacinan en las playas, víctimas de una emergencia humanitaria que el Gobierno ha afrontado hasta ahora con dudas, improvisación y medios insuficientes. Y mientras… las mafias, supuestamente responsables de los hechos, no aparecen, con Marruecos tenemos los problemas de siempre, el “amigo americano”, fiable como un dólar de madera, se alegra de nuestra desdicha y los socios europeos, con los que queremos crear un sistema común de defensa, han hecho un mohín de reproche por lo que entienden escasa contundencia de las autoridades españolas. Es triste comprobar el retroceso de Europa a los tiempos de Margaret Thatcher con políticos que piensan, como ella quería, levantar un murallón para detener a los desheredados que llegan del sur.
El Gobierno, que tuvo su momento de gloria con el rápido retorno a Marruecos de la inmensa mayoría de los asaltantes, fue troleado en los días previos por gentes y entes poco amigas de la España gobernada por Sánchez y capea malamente la que se le ha venido encima. El PP, una vez más, no está a la altura de las circunstancias. Con el mando a distancia o sobre el terreno en Ceuta, Feijóo usa más el lanzallamas que el extintor. Su portavoz en el Congreso se despachó en los primeros días con un latigazo ilegal sobre los menores no acompañados “deben echarse otra vez al mar y salir de Ceuta por donde han entrado”, que repiten machaconamente otros dirigentes y acusan al Gobierno de negligencia.
En el libreto que el Gobierno ha preparado para el manejo de la crisis a la ministra de Defensa, Margarita Robles, le ha correspondido la proclama patriótica, ideada, dicen, para el público militar, que suponen tiene también buena acogida en Ceuta y Melilla, que “no se tocan -ha declamado la ministra- porque son españolísimas… la mejor representación de lo que es España (…) Esto nunca más debe volver a ocurrir”. A los ministros Albares y Marlasca les toca el sigilo y disimulo para negociar con sus iguales del otro lado de la frontera el modo de evitar nuevos intentos y drenar hacia Marruecos a los miles de recién llegados. Los demás ministros tienen también su papelito y su viaje a Ceuta.
Pese al desiderátum de la titular de Defensa, quienes saben de qué va esto aseguran que, con más o menos espectáculo, la presión sobre Ceuta y Melilla continuará y no solo por el efecto huida a causa del diferencial de riqueza a ambos lados de la frontera (la renta por persona en Ceuta es unas seis veces la de Marruecos) sino como reflejo de los asuntos litigiosos entre los dos países. Sin hacer un repertorio sumario, cabe recordar a bote pronto: la posición de España sobre la situación legal del Sahara, la reivindicación sobre Ceuta, Melilla y el control del espacio aéreo y de aguas frente a Canarias, el recelo sobre las relaciones con Argelia, la acción de las mafias, intereses de los servicios de inteligencia del país vecino y de sus amigos de Israel y EEUU, el tránsito por España de productos agrícolas a la UE, la política pesquera… y, ¿por qué no?, cortinas de humo para disimular problemas internos.
Esta crisis no será un hecho aislado, sino un punto y seguido. Y de aquí en adelante, por incómodo y complicado que resulte, a pesar de los pesares y cualquiera que sea el color del Gobierno en Madrid, España no tendrá más remedio que reiterar con firmeza la inviolabilidad del territorio nacional y, a la vez, seguir practicando una prudente política de Estado, de colaboración con Marruecos y hacer caso omiso a las bravuconadas, flatus vocis, de quienes reclaman una respuesta contundente. ¡Ah! y no escatimar medios para hacer frente a estas crisis, ni dejar en desamparo a Ceuta, Melilla y Canarias, como a veces ha ocurrido, cuando se ha apelado a la solidaridad del conjunto de España, que solo se ha logrado por imposición de la ley.
Al presidente del Senado, Pedro Rollán, le ha dado un perrengue porque sus señorías del PP no han podido lapidar estos días a los ministros, que irán la próxima semana a dar explicaciones al Congreso. El espectáculo está asegurado.

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