El ático, la bronca y Ceuta son ahora mismo el abc de la política española en este ferragosto, víspera de un eclipse solar. Acorde con el fenómeno, el PP ha entrado en estado de shock por la compra opaca de un ático de lujo en Madrid, que acorrala a Ayuso y la somete a un extraño vacío en su partido, como ocurriera con Pablo Casado.
Ante un caso político y judicial de esta envergadura, el ritual en Génova 13 sería parar las máquinas y buscar el cabeza de turco (salvar a la soldado Ayuso), mientras la bronca con Sánchez prosigue -es lo preceptivo-, alentada por los hechos de Ceuta, hasta ver si cae esa fruta. Pero sorprende la tesis de una caza de brujas en el PP, con Ayuso en la diana como Sánchez. El eclipse total.
No pasa de ser la sospecha de un contubernio autoinfligido contra la presidenta incómoda, algo tan contraintuitivo, que estaría por demostrar. Diríase que en plena crisis climática huelgan políticas de paños calientes y lo que asoman son puñaladas traperas, ajustes de cuentas. La salida de Madrid para apagar el fuego político ha sido proclamar la venta del ático, un poco más caro, con el pretexto de la reconstrucción tras los incendios.
Algunos recuerdan la clac ante el balcón de Génova coreando, la noche del 23J de 2023, con Feijóo sin mayoría absoluta: “¡Ayuso, Ayuso, Ayuso!”. Y el desencuentro destemplado entre ambos por las grabaciones del CEO del Hospital de Torrejón, que priorizaba reducir gastos a atender pacientes.
Como viene rodada la política, bajo un odio tenaz sin cuartel, se tiende a imaginar golpes palaciegos que se inspiran en vendettas como en tiempos de Cleopatra y Julio César. ¿Es por ello que, en el imaginario político, se haya creído que pueda haber en el PP una suerte de celada contra Ayuso?
Se afirma, ante el escándalo por el ático -según la navaja de Ockham, un viejo principio que explica las cosas del modo más simple, la presidenta iba a vivir allí-, que para el PP es la gota que colma el vaso, y a la baronesa le estarían haciendo ghosting, caso omiso, en el partido. Tellado, ante una pregunta: “En Madrid han dado las explicaciones que han entendido”, se escabulló.
A esa impresión contribuyen los silencios de Aznar y Feijóo. Y una nota interna del PP de Madrid pidiendo a los diputados “mensajes de apoyo a la gestión de la presidenta”. Estaríamos ante una autocrisis de corte existencial, en un PP que nunca abandona a los suyos, salvo en las decapitaciones de Cristina Cifuentes (el caso de las cremas) y de Pablo Casado (la víctima icónica de Ayuso).
¿Cabe, sensatamente, dar crédito a una purga contra un vivero de votos en la antesala electoral? ¿Feijóo cruzando el Rubicón con el precedente de Casado? ¿Y Aznar impulsando en la sombra, como recambio, a la portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, que él mismo apadrinó en el hotel Ritz? ¿Ayuso, el bastión desde 2019, en la cuerda floja por el ático? ¿O es el mal de las encuestas?
Históricamente, Ayuso ha sido un hallazgo disruptivo de liderazgo autonómico, que eligió medir sus fuerzas con Sánchez o Claudia Sheinbaum, y codearse con Milei y el entorno de Trump, no conforme con su reino, optando al trono de Feijóo. ¿Enfrentada al sicariato del PP, a cuenta de qué?
Las malas lenguas, no las que pastorea ahora en TVE Gonzalo Miró, sino las que echan leña al fuego veraniego, apuntan a una caza de brujas, decíamos. El consejero Miguel Ángel García Martín, delatado por Ayuso como el responsable de la compra del ático de Chamberí, dice que buscan a “un fantasma” con el fisgoneo del affaire inmobiliario.
Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de la presidenta madrileña, consigue desconcertarnos con su tono reprensivo en ElPlural.com al afirmar que “la Comunidad de Madrid no le va a poner una residencia oficial a Ayuso”; al enojarse con el novio, Alberto Amador, por poner en venta dos pisos sin avisar y dar pie a que se infiera que Ayuso pensaba mudarse al ático que costó 6,3 millones de dinero público –“no teníamos ni puta idea”-, y al rematar con que ella vivirá, cuando se quede sin domicilio, “donde le dé la gana”. Otros clavos en el ataúd: la aznarista Cayetana Álvarez de Toledo dejó caer en El País un lacónico “no entender” lo del ático de Ayuso, más algunos editoriales adversos en prensa afín, como ABC o El Mundo. Todo muy raro.
Sánchez convoca en vacaciones -en La Mareta- comités de crisis por videoconferencia para seguir de cerca lo de Ceuta y lo de Italia por los (des)controles fronterizos de Meloni. A Bendodo, de guardia en el PP, se le ocurre la frase de que Sánchez está en Lanzarote “a la bartola, tumbado en una hamaca”. Cuestiona, por tanto, el derecho al descanso o emplaza al estrés a que haga el trabajo sucio por ellos con la salud del presidente, siendo que Feijóo pasa las vacaciones en Galicia un secreto a voces, de tan pardillos. Y Ayuso viéndolos venir a vista de ático. Que anden con ojo.
