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El Estadio

Nunca dio para tanto un estadio. Acabo de leer el libro de Luis Padilla sobre el Rodríguez López, titulado El Estadio de Tenerife. Es un relato completísimo, desde su fundación (1925) a nuestros días, con motivo precisamente del centenario. El libro no está a la venta todavía, pero lo estará. El mío me lo ha traído a casa, muy generosamente, mi amigo Juan Galarza, que es asesor del C.D. Tenerife, o lo fue, y que es un birria como Dios manda, lo mismo que Luis, al que entrevistaré hoy viernes en los Limoneros, y así adelanto la cosa. Pero de las entrañas del estadio del Tete (que en realidad pertenece al Cabildo) surge un dilema: ¿Lo dejamos ahí y lo remodelamos o construimos otro en las afueras de Santa Cruz, en tierras territoriales de La Laguna? Unos creen firmemente (como Bermúdez) que el estadio no debe moverse. Y, si se mueve, él se manda a mudar del partido (CC) y se va a vivir a la casa del carajo. Otros (los menos urbanitas) opinan que es hora de que el Rodríguez López inicie una nueva aventura en el extrarradio. Le pregunté a Juan Galarza, que es un sabio del fútbol de ayer y de hoy, y Juan me dice que el estadio debe quedarse donde está. Hoy requeriré a Luis Padilla su autorizada opinión y así tendré más elementos de juicio para hacerme una idea. No frecuento el estadio, como lo hacía en tiempos de Javier Pérez, que siempre me sentaba detrás de él, en el palco de autoridades. Vi llorar a Mendoza, cuando el Madrid perdía las ligas en Tenerife, y me alegraba de esas derrotas, demostrando así mi condición de mal madridista. Entonces era más del Tete que Luis y que Juan, juntos. Ya no, aunque Rayco, ¿o es Raico?, me cae bien. Un día nos tomamos un café en una arepera y yo le regalé el único libro sobre Javier Pérez que me quedaba.

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