No ha habido desgracia en España en la que el rey no haya estado presente y lo ha estado previa autorización del Gobierno. Felipe VI, como rey constitucional que es, tiene medidos y controlados sus movimientos. Nadie le impide ir al cine con la Reina, pero, ojo, cuando se trata de cuestiones mayores el cantar es otro bien distinto. Su margen de actuación es el propio de un rey que reina pero no gobierna. Como el presidente de Ceuta lo sabe, ha sido él quien ha tenido que viajar a Marivent y ha recibido del rey el tiempo que Sánchez no tuvo para hablar con él por teléfono, idéntico comportamiento. Como el Gobierno, hasta el momento, no ha considerado oportuno que el rey viaje a Ceuta para acompañar y alentar a los 80.000 españoles que han vivido jornadas inéditas, difíciles y lamentables el rey ha hecho lo que le han dejado hacer: recibir al presidente de Ceuta en Marivent. Ni un paso más. En su momento, el gobierno de Rajoy tampoco encontró el momento oportuno para una visita real. Parece que nunca es oportuna su visita y no porque el rey ponga pegas al eventual viaje, sino porque su presencia en Ceuta y Melilla puede soliviantar a ese socio fiable, muy fiable, según el Gobierno, que es Marruecos que es tanto como decir Mohamed. Las relaciones con nuestro vecino nunca han sido fáciles y siempre necesarias, pero en los últimos tiempos solo nos falta cantar una nana a Mohamed por si le cuesta coger el sueño. No ya la tibieza, sino las loas a Marruecos realizadas por el Gobierno tras la inédita avalancha de personas que entraron en Ceuta, resultan irritantes cuando todos sabemos, se ponga el Gobierno como se ponga, que ni Marruecos es fiable y ni que lo ocurrido en Ceuta hubiera sido posible sin el conocimiento del gobierno marroquí.
