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el chasnero

El ‘simpa’

El simpa, abreviatura de “sin pagar”, consiste en largarse de un bar, restaurante o comercio sin abonar lo consumido. Mi gran sorpresa es que contemplo que el término ya está reconocido en el Diccionario de la RAE. O sea, los mangantes ya tienen identificación académica.


Y es que el cuento ha cambiado un mogollón. Antes, alguien entraba en un restaurante, se metía dos solomillos, tres botellas de vino y un postre con bengala y, cuando el camarero miraba para otro lado, salía por patas como Usain Bolt. En lógica consecuencia, el robón tenía consideración de golfo. En la actualidad, el señorito es -simple, sencilla y llanamente- un practicante del simpa; expresión indudablemente más culta que estos jetas utilizarán para la organización y fundación de la Asociación Nacional de Simpas y a la obtención de sus consiguientes subvenciones, convenios colectivos y jubilaciones anticipadas.


Tengo entendido que el simpa grupal más multitudinario en España lo sufrió la propietaria de un restaurante gallego durante un bautizo con cerca de 200 invitados. María Suárez, que así se identificó la simpagada, explicó que los comensales degustaron embutidos, merluza, carne, chorizo, tartas y bebidas. Al parecer, el padre del bautizado había adelantado 3.500 y dejó 5.050 euros sin abonar. De acuerdo con el testimonio de María Suárez, los comensales, todos simpas sin duda, salieron del restaurante con el pretexto de ver y oír unos voladores, agarraron sus bólidos y cogieron pista.


Aunque realmente es un simpa, en el sentido literal del significado que le atribuye la RAE, esto fue, más bien, una evacuación militar con sobremesa. Unas doscientas personas se jincaron tremendo papeo, y, al grito de “¡Voladores!”, adquirieron repentinamente velocidad olímpica, localizaron sus coches, derraparon y desaparecieron. Sorprende el simpa pero mucho más su coordinación. Porque usted y yo sabemos que para poner de acuerdo a 200 personas en España hacen falta 3 meses, 7 reuniones y un grupo de WhatsApp. Y éstos lo consiguieron con 4 foguetes.


El simpa, identificado por la RAE y reconocido socialmente como el mamón de moda, usa comúnmente tres vías para escaquearse: la excusa del cigarrito (pide salir a fumar a la puerta y deja objetos personales de escaso valor en la mesa); la fuga por turnos (los mamonsales salen de uno en uno); y las reservas con datos falsos (muchos locales piden teléfono para reservar y ellos usan identidades ficticias o líneas telefónicas temporales).
El simpador no es exactamente un laja al uso. Hoy se convirtió en un artista del trinqueo con digestión incluida. Y además la RAE le ha obsequiado con pedigrí. A este paso, al que robe gallinas, y el Lute me perdone, le diremos gestor de patrimonio avícola, y al que atraque un banco, especialista en retirada urgente de efectivo.


Reparo ahora en que -hasta donde yo sé- jamás se organizó un simpa en un guachinche, lo que demuestra que el mangante sabe bien con quien se la juega y conoce además las dimensiones del carácter, la guataca, el sacho y el perro del dueño del lugar. Porque una cosa es salir corriendo sin pagar de un restaurante y otra muy distinta intentar hacer un simpa a un hombre que lleva cuarenta años podando viñas, levantando paredes de piedra y matando cochinos precisamente. El bochinchero podrá fiarte un vaso de vino; lo que difícilmente te fía es el cachimbazo.


Por cierto, la RAE registró un sinónimo para el nuevo palabro, pagadiós, lo que me parece una blasfemia, y, además, una injusticia manifiesta con el Altísimo. Por todos los Santos, con el follón que tiene el Señor, tratando con arritrancos como Trump, el Jameneí chico, Netanyahu, Daniel Ortega, el presunto Putín, y Kim Jong-un, sólo le faltaba pagar las cuentas pendientes de los simpadores.


Yo, si fuera Dios, me asomaría al balcón del cielo y, con voz de trueno, proclamaría: “Pagadiós, los cojones. Paga tú, mamón”.

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