Para un vejete como yo, la compra de nuevos calzoncillos se ha convertido en una tragedia. Aunque sea hablar de una intimidad, y ustedes disculpen, yo siempre, desde que recuerdo, he usado los Hugo Boss, tipo boxer, o algo así, con bragueta, abertura que el godo cursi llama portañuela. Pero los han dejado de fabricar y ahora venden unos gayumbos sumamente incómodos, sin bragueta y aprietahuevos, realmente molestosos. Uno, con las prisas propias de la edad a la hora de la evacuación, no puede andar bajándose y subiéndose los interiores a cada micción. Luego se me presenta un dilema, porque los míos se están quedando viejos y no encuentro reemplazo, ni siquiera en El Corte Inglés, que allí hay de todo. He recurrido a otras marcas pero uno también reconoce que es muy sensible en cuanto al roce con la tela; y el algodón de Hugo Boss es excelente, por lo que estoy inmerso en una zozobra que me inquieta. He probado por Internet y nada, los nuevos gayumbos de Hugo Boss y de Calvin Klein, que son buenos sustitutos, vienen sin bragueta, pobre de mí. Ustedes creerán que lo que les cuento es una tontería, pero no es así, porque el gayumbo es prenda fundamental en el funcionamiento diario del ser humano. Y cuando te acostumbras a los tuyos no hay quien te saque de ahí y menos yo, que estoy llegando a puntito al baño antes de mearme. Es más, cuando voy a algún sitio poco conocido estudio perfectamente el trayecto hacia el váter, calculo lo que bebo y la distancia a recorrer y mi vida se ha convertido en un teorema matemático. Si a ello añado unos calzoncillos sin bragueta y apretados, desastre a la vista. Y perdonen ustedes que vaya directo al grano. O al huevo, mejor dicho.
