Vivimos una época regresiva. Fuerzas involucionistas avanzan por toda Europa y América y hay una tendencia proclive a gobiernos de ultraderecha de un perfil antimigratorio. A nadie le extrañaría que, junto a Italia, en Francia, Alemania y acaso España, pronto gobiernen regímenes de esa índole. Lo de Ceuta es un caso de laboratorio, si el eje EE.UU.-Israel-Marruecos está detrás.
Esta semana han trascendido nuevas pistas de la avalancha humana del 30 y 31 de julio, que parecía llamada a reeditarse ayer. Se han aireado ciertas pesquisas sobre el papel de Israel y el Mosad -su servicio exterior de inteligencia- y la tutela de Trump en la génesis del asalto a la frontera. Tienen cuentas pendientes con España sobre Irán y Palestina, y ejercen influencia sobre Rabat.
Fue así que la hipótesis más recurrente saltó de las redes a medios abiertos y foros académicos. El diario El Mundo titula: ‘Por qué la inteligencia china cree que el Mosad puede estar detrás de la crisis migratoria en Ceuta’. El debate dejó de ser conspirativo, a la vista de sospechas fundadas de una operación de guerra híbrida contra España. Y Josep Borrell, nuestro ‘hombre en Europa’ hasta el otro día, señala en El País a los que nos tienen ganas, amén de Rusia, “los EE.UU. de Trump y el Israel de Netanyahu”.
Han conseguido lo que querían, crearle problemas a España y azuzar la división patológica de Europa. Siempre he pensado que en la UE amplifican las quejas contra la política migratoria española no tanto por miedo al efecto llamada como por la necesidad imperiosa de que el mismo se produzca. Pues, de lo contrario, los partidos xenófobos perderían todo su encanto, el reclamo electoral. La inmigración es una puesta en escena, el vivero de votos que se disputan a codazos las derechas. Ceuta es un buen escaparate de todo ello.
Algunos dirigentes de la oposición no han visto más allá de los Pirineos. Y en lugar de adoptar una posición de Estado, han repetido sus mantras más impulsivos contra el Gobierno, sin reparar en que sería una actitud suicida, siendo alternativa de poder y a pocos meses de unas elecciones. Los que aspiren a gobernarnos no pueden consentir con su concurso que naciones extranjeras atenten alegremente contra la integridad territorial española. Eso tiene un nombre.
En la resaca geopolítica de Ceuta, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha lanzado la idea de que el Congreso apruebe por mayoría absoluta, como sería preceptivo, que la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (¡ah!) persiga al presidente del Gobierno y sus ministros por supuesta traición al no haber evitado la entrada masiva. La pirueta de Abascal, poco viable, busca darse un barniz de originalidad, al querer estrenar el artículo 102 de la Constitución, como se intentó sin éxito con González por el Gal.
Ahora bien, como vengo apuntando, la oposición debería tentarse la ropa, al no ponerse al lado del Gobierno, sino en contra, pese a los indicios y evidencias que transitan ya por los medios sobre una posible injerencia externa contra la integridad territorial de España en el origen de la crisis de Ceuta. Esa sería la versión que maneja la inteligencia china, que considera a España un “socio clave” en Europa. Borrell, en su análisis ‘La pólvora y la mecha’, pide “una gran investigación sobre las fuentes” de esta operación desinformativa, cuyo germen fue un bulo certero, en lo que se considera la primera “avalancha algorítmica” de la historia.
Marruecos consintió, qué duda cabe (y costó la vida a un largo centenar de jóvenes), pero ayer frustró con lealtad la segunda intentona, conforme a la posición del Gobierno frente a la tesis de la confrontación. Netanyahu estrechó lazos militares con Rabat desde su adhesión a Tel Aviv en los acuerdos de Abraham, en 2020. Como Trump, no perdona a Sánchez su bandera contra el genocidio en Gaza y la guerra de Irán. Las imágenes de Ceuta, explotadas por Vance y Marco Rubio contra el presidente español, le sirvieron a Trump como espantajo para que le voten. El nombre se lo puso Elon Musk: parecen una “distopía” a pedir de boca para las elecciones de medio mandato en noviembre. Un simulacro perfecto.
No solo Feijóo y Abascal pecan de novatos secundando a dos países que incordian a España y reclaman Ceuta y Melilla para Marruecos (mediante congresistas, embajadores en la ONU y declaraciones institucionales al calor de la crisis). ¿Son cómplices conscientes? También Meloni (Italia) cayó en la trampa de Schengen.
¿Qué pasaría si tres países extranjeros atacan a España y algunos, aquí y en Europa, arremeten contra el Gobierno, como si a Zelenski los suyos lo cercaran tras invadirlo Putin?
Quienes, en España y Europa, vieron en Ceuta una baza electoral y una venganza, tienen una papeleta ante la ‘avalancha’ de indicios sobre una guerra híbrida extranjera contra un socio de la UE. Al que dieron la espalda desde dentro y desde fuera.
