Hay cuestiones que marcan el modo de ser y de actuar de los individuos. Este, ideológicamente, es de ultraderechas. Y una de sus consignas es ostentar el poder en una organización que le aporte emolumentos sustanciosos y una imagen pública grandiosa. Tal cosa ha logrado establecer la FIFA entre los nacidos, amantes o no tanto del fútbol. Se suma a lo dicho, la cantidad extraordinaria de dinero que obtiene por las competiciones, que (en parte) reparten entre las federaciones, aunque las más son controladas por el presidente y sus allegados. Sabido lo sabido, el susodicho ideó una estrategia contumaz para ganar las elecciones a su contrincante, el jeque de Baréin Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, en 2016: si contaba con los votos de Europa, habría de asegurar los de América (la Concacaf y la Conmebol) hasta los 115. Que logró. Desde entonces interviene adustamente con promesas además de manejar las bases de los estatutos internos. Giovanni Vincenzo Infantino es el papa del fútbol mundial. Mas siempre los dichos andamiajes ideológicos se manifiestan. Ocurrió en el pasado mundial de fútbol. Ahí se encontraba EEUU con el grande de todos los grandes: Donald Trump. Antes del inicio de la competición lo decoró con el Premio a la Paz de la FIFA; en el transcurrir lo hizo partícipe (como jamás ha ocurrido) de las particularidades de la competición y su desarrollo, tanto que EEUU fue quien destacó frente a los oros organizadores, México (que aguantó a duras penas por su presidenta) y Canadá. En tal punto los resabios más ridículos, aparte de las situaciones denigrantes. La más comentada (que no la peor) fue el momento en el que el mandatario de un país accede al de la FIFA para que le retire una tarjeta roja a un jugador de su selección. Pero el ataque más promitente a los protocolos establecidos fue el hecho de premiar a Trump con la entrega del trofeo al vencedor. Y el ridículo que sucedió: el presidente de EEUU pretendió celebrar el triunfo con los ganadores, por las cámaras que los asistían. Infausto. Por lo que es, se entrevistó con gusto con otro de sus amigos poderosos, un rey, Mohamed VI, de Marruecos, con una final de mundial a las puertas, los votos de África. Eso es y por eso no es extraño que actúe como actúa. Si de ultraderechas, ultraliberal. De ahí la conciliación manifiesta entre los medios de la institución precisa e introducir capital particular en el acuerdo, privatizar las competiciones. ¿Cómo vendérselo a las federaciones que lo eligen? Más dineros de ingreso, más dinero para los repartos. ¿Qué? Como Margaret Thatcher se cargó el Estado mixto europeo, él fundará una nueva entidad. En la cúspide un naciente celebro (él), incluso después de su tercer mandato (pues no es corporación que pertenezca enteramente a la FIFA). Así, si ahora 4,8 millones de euros, después… Lo han cazado. Tendrá que explicarse bien, muy bien. Es decir, difícilmente ganará la reelección. Eso le ocurre a los inicuos
