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tribuna

Los vulnerables

Diríase que estamos entrando en una nueva dimensión política en España, tras cincuenta años de Transición y democracia. Y si en los 70 el cambio tranquilo entusiasmó a derecha e izquierda y ambas orillas se hablaban, hacia donde vamos ahora no admite diálogo. Ceuta confirma la escisión.


Esta operación de guerra híbrida en la zona gris, con sospechas fundadas de injerencia de EE.UU. e Israel, prueba que el desencuentro político de la oposición española con el Gobierno no entiende de excepciones, por ello, que Trump y Netanyahu, dos faros de la derecha, apoyen la soberanía marroquí de Ceuta y Melilla, le es indiferente.


Ceuta se ha colado en la carrera electoral de 2027. Año de urnas en España y un reguero de países europeos. ¿Se impondrá la ola ultraconservadora en el hemisferio occidental: a España y Europa les pasará lo que a América? En nuestro caso el diálogo hace agua, como si 50 años de tradición transicional se hubieran evaporado. ¿Cómo se rehace un país así? ¿Y cómo se reconoce a sí mismo? Nosotros, los amigos, los vecinos… al día siguiente.


¿Cuál es el espíritu de nuestro tiempo? ¿Declarar la guerra a Marruecos? ¿Devoluciones ilegales como en 2021? ¿Fortificar las fronteras? ¿Se trata de un lenguaje agrio o de seres humanos? Esta vez se han cruzado líneas rojas, hemos vuelto a la barbarie.


Algunos no conseguimos endurecernos como una piedra para la nueva etapa, como veo a tantos ya completamente insensibilizados. Si el lenguaje de la nueva política no te indigna, buena señal, cumples los requisitos del espíritu de nuestro tiempo (zeitgeist, en alemán). Valga el test de escuchar a ese ministro tirano israelí de Seguridad Nacional, Ben Gvir, celebrando las cabinas de ahorcamientos de palestinos de Cisjordania (“el patíbulo comienza a tomar forma”, comenta en un video con los hierros alzándose bajo una carpa azul). El mismo ministro de Netanyahu que aboga por una cacería selectiva cada noche de “30 o 40” palestinos en Gaza, porque “no son personas”.


Algunas señales en España sobrecogen. El discurso del conflicto migratorio -máximo argumento electoral- establece cánones de deshumanización y los líderes conservadores compiten por ser el más insolidario e inconmovible.


En esa deriva que hace virtud de la insensibilidad, la oposición en España alcanza registros xenófobos preocupantes desde el punto de vista, incluso, legal. Ceuta este verano asume todo el manual de estilo. Tras el rechazo unánime al asalto a la frontera, se debate con medias verdades sobre cómo responder a Marruecos ante su pasividad los días 30 y 31,
Sánchez lo calificó de “una violación de la integridad territorial de España”. Y que haya elegido la vía diplomática y no la confrontación con Rabat, como querría la oposición, sospecho que obedece a que Trump y Netanyahu guardan una estrecha sintonía con Marruecos y le reconocen Ceuta y Melilla.


Es una cuestión que nos inquieta a los canarios, tras el reciente lanzamiento de un misil de largo alcance por EE.UU. y las Fuerzas Armadas Reales en Tan-Tan (a 200 kilómetros de Lanzarote). PP y Vox omiten estas alarmas. O que marroquíes e israelíes sean uña y carne desde la firma en 2020 de los Acuerdos de Abraham, que normalizó sus relaciones y sumó el respaldo de Trump a la autonomía del Sáhara. ¿Por qué Ceuta está revelando tantos secretos a voces sin que la oposición se escandalice?


En la peor crisis de la OTAN, España se enfrenta a ese trío con intereses comunes al este de Canarias. Trump y Netanyahu defienden la soberanía marroquí de Ceuta y Melilla y se les vincula con la avalancha. La oposición repiquetea contra la Moncloa, como es su deber, pero enmudece ante la Casa Blanca y Tel Aviv. Un silencio clamoroso.


En Europa anhelan el regreso a Marruecos de todos los migrantes que quedan en Ceuta, pero a los menores no acompañados, los vulnerables, los protege la ley. La ley española de Extranjería y la legislación comunitaria. El portavoz de la Comisión Europea sobre Asuntos Internos, Markus Lammert, el más persistente partidario de los retornos, advierte, sin embargo, sobre las 500 niñas que el Gobierno piensa trasladar a la Península: “Una cosa debería estar clara: se debe garantizar la protección de los menores vulnerables. Es un deber nacional de las autoridades españolas.” Feijóo tiene otra opinión: “Deben regresar todos, mayores y menores, y cuando digo todos, son todos”. Proclama una ilegalidad a voz en cuello en España y Europa.


Aquella vez, en 2021, una devolución exprés indiscriminada de niños en Ceuta costó a los responsables políticos en la ciudad autónoma condenas de nueve años de inhabilitación. El ministro Torres, que coordina el pentaministerio sobre Ceuta, conoce bien la ley, porque él la reformó para reubicar a los menores de Canarias. Feijóo se desentendió.


Esa es la espiral que nos arrastra de un sistema de derechos a otro desconocido rumbo a las tinieblas.

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