La agenda me recuerda todos los años que tal día como hoy, en 1945, un avión de EE.UU. lanzó la primera bomba atómica de la historia sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y tres días después otra sobre Nagasaki. Y la efeméride me lleva a la palea del general De Gaulle con los EE.UU. para sacar adelante su propio programa nuclear.
Aunque la primera reacción al ataque nuclear fue de cierto alivio porque se acababa la II Guerra Mundial, el conocimiento de los daños (246.000 muertos, la mitad en los días de los bombardeos, y 130.000 heridos directos) creó una fuerte conciencia de rechazo al empleo de la bomba atómica, que dio lugar a la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Pero EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia, los únicos países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y con derecho a veto, tienen armas nucleares y hoy sabemos que India, Pakistán, Israel y Corea de Norte se han pertrechado también con la bomba atómica, que se ha revelado como el más eficaz medio de disuasión ¿Habría atacado EE.UU. a Irán en febrero pasado si el régimen de Teherán hubiese tenido armas nucleares?
La creación de arsenales ha sido complicada. EE.UU. pretendió ser la única nación del mundo con capacidad nuclear y dificultó cuanto pudo que Rusia (entonces URSS), China y Francia tuviesen este tipo de armas. La URSS hizo su primera prueba nuclear en 1949 a pesar del acoso de Washington y el programa de China estuvo también amenazado y se llegó a debatir en EE.UU. la conveniencia de bombardear las instalaciones (como dicen que han en hecho ahora en Irán) para impedir el desarrollo de la bomba atómica. Pero el mayor problema estuvo dentro de la propia Alianza Atlántica porque el general De Gaulle se negó a renunciar a una fuerza nuclear propia de Francia, lo que originó una importante crisis en el seno de la Organización, tan grave que obligó a trasladar de Paris a las afueras de Bruselas la sede de la OTAN y provocó la salida de Francia de la estructura militar integrada.
De Gaulle no quería que la seguridad de Francia dependiese de la decisión de un presidente de EEUU que, en una hipotética guerra con la URSS, podría decidir no arriesgar sus propias ciudades para defender a Francia. Qué actual suena esto ¿verdad? Aquella apuesta de De Gaulle puede resultar hoy doblemente beneficiosa para Europa. Por un lado, porque ha permitido a Francia desarrollar en solitario y con su propia tecnología la conocida como “Force de Frappe”, y porque brinda a los países de la UE la posibilidad, como ha señalado en canciller alemán, Friedrich Merz, de disponer de cobertura atómica ampliando la actual fuerza francesa, sin necesidad de apresurados inventos ni depender de las grandes potencias nucleares.
Pensaba solo en su país cuando puso pies en pared ante EE.UU., pero la solución nuclear de De Gaulle puede hoy ser de extraordinaria utilidad para la Unión Europea, replicando en algunos puntos de Europa la estructura que Francia tiene en la base de submarinos de L’lle Longue y en la aérea de Istress-Le Tubé. Habrá quien diga que plantear la cobertura nuclear ahora, en los primeros balbuceos de la defensa autónoma europea, es empezar la casa por el tejado, pero puede ser más fácil aceptar el único programa nuclear autónomo europeo disponible, que encajar en una sola fuerza unidades militares de distintos países con historias, doctrina y medios diferentes.
La extensión de un programa nuclear conjunto requiere una firme decisión política de “luces largas”, capacidad de producir ojivas nucleares, potentes medios aéreos y submarinos e infraestructura para el despliegue. Francia y Reino Unido cuentan con submarinos de propulsión nuclear, pero, según los expertos, se pueden utilizar también submarinos convencionales con motores diésel, como lo hace Israel con los Dolphin II, construidos en astilleros alemanes. Ese país, con Italia, España, Países Bajos y, por supuesto, Francia, cuentan con capacidad para la construcción de submarinos. Y otro tanto cabe decir de la aeronáutica militar europea, donde además de los países citados hay que contar con Suecia y Reino Unido. Por razones de funcionalidad y coste habría que aspirar a homologar un tipo común de submarino y avión, pero no es imprescindible. El camino de De Gaulle es el más corto para tener un paraguas nuclear en la UE

