José Manuel Bermúdez, carnavalero de pro, alcalde chicharrero, a quien le guardo sincero aprecio, dispone de su disfraz para la fiesta: el del flautista de Hamelin, protagonista de la leyenda alemana inmortalizada por los hermanos Grimm, sobre la que escribió Goethe, se compusieron óperas y operetas y el sujeto se convirtió en todo un personaje. Un misterioso flautista llega a un pueblo infectado por las ratas (Alemania, 1284) y se compromete con el alcalde a eliminarlas, valiéndose de una extraña canción que sale de su flauta. Lo consigue, pero el edil no le paga lo estipulado y, cabreado, el músico, con la misma flauta, devuelve al pueblo los roedores, que acaban con todo. Igual que Zapatero negó la crisis económica de 2008 repetidamente, Bermúdez ha desmentido la presencia de las ratas en el centro de Santa Cruz, que se están comiendo la ciudad. Ahora parece que lo reconoce, pero es tarde. Los resabiados roedores ni siquiera se comen el veneno y las alcantarillas de la ciudad vomitan el raterío. Haría falta una riada para que las ahogara a todas en el mar. Y el flautista de Hamelin se ha jubilado, por lo que no se puede contar con él para realizar el trabajo. Además, tendrían problemas, porque la municipalidad paga tarde. En vez de estar metiéndose con las fiestas del Casino de los Caballeros, el consistorio tenía que combatir al roedor. Había una vieja, que no sé si murió, que les echaba de comer y se reproducían como moscas. Ahora, con los calores, han salido de sus madrigueras y no hay chicharrero que no haya dado un salto si se le ocurre pasear por el Parque García Sanabria o por una calle del centro. Bermúdez, pues, ha resuelto lo del disfraz, pero de momento no ha sido capaz de encontrar un Benito Cabrera que componga, con su timple (en vez de flauta), una melodía que las ahuyente. Ay.
