Entiendo los porqués de un acoso y derribo semejante a un presidente del Gobierno. Habrá elecciones generales en 2027, en nueve meses, según se ha filtrado, y Sánchez llevará nueve años. El PP ha perdido la paciencia, y esta leva de fieles estamentales es la prueba. El famoso atajo, “el que pueda hacer, que haga”, de Aznar, lo dice todo.
Alguien, por tanto, ha tocado las campanas a rebato. Y no es la primera vez. Felipe González, que gobernó trece años y medio -se dice pronto-, dijo el jueves “no temer” la llegada de una coalición de PP y Vox. No es el único. González no sufre demencia, pero está un poco desmemoriado. Asedió a Suárez, lo asediaron a él y en 1999 lamentaba que “alguien en la izquierda prefiera que gobierne la derecha”.
Puedo entender, en efecto, esta operación de Estado, de Estado profundo, sigilosa, contra Sánchez, porque a la oposición, cuando le pica el comején del poder, le entran urgencias y orquesta operaciones de acoso y derribo. Como decía Luis María Anson, “es la única forma de sacarlos de ahí”. En La Vanguardia, Jordi Évole recuerda esta perla del exdirector de ABC: “Fue necesario poner en riesgo el Estado”. En 1993, el eterno González resistía como Sánchez hizo en 2023. El 3 se repite, como si tres tristes tigres arrastraran la panza en silencio antes de asestar la emboscada. El objetivo era cazar a la presa y meterla entre rejas. Finalmente, el marrón se lo comieron Barrionuevo y Vera. La X se salvó.
Puedo entender y entiendo, asqueado, que haya operaciones sucias -como la conjura contra Polanco y Cebrián en las sentinas del Estado profundo- . Sí, son un asco. En Italia, Andreotti era el papa negro, actuaba en la sombra moviendo los hilos del poder oscuro entre cloacas y mafias. González cayó en el 96, con el Gal y Filesa; la operación funcionó. ¿Por qué no probar suerte contra Sánchez, con Ábalos y Ceuta?
El destino se disfrazó de israelo-marroquí y nos tiene atrapados en la ciudad cercada de Ceuta, donde el espíritu nacional resuena y convoca a salvar la patria. Por eso, la enésima visita de Feijóo a la tierra invadida, el lunes próximo, junto a Manfred Webber (líder del PPE). La derecha de Europa se refocila en las imágenes impagables de la avalancha humana caída del cielo. Vox ceutiza la campaña electoral inflamando la crisis. El PP la explota.
Entiendo que Aznar se crea Moisés conduciendo a sus huestes hacia la Tierra Prometida. Y que Feijóo, que en la espera desespera, tenga huellas de fango cuando pise la Moncloa, tras la travesía del desierto.
Entiendo que Ayuso no pueda estar pasándolo peor. No logró quitarse de encima a Feijóo, cuando pudo y Aznar la apoyaba, y ahora es la víctima de una operación de Partido, como Sánchez lo es de una operación de Estado. Es duro admitirlo, teme acabar empatizando con él. Lo del ático es como Ceuta, una guerra híbrida, es fuego amigo en la frontera de Puerta del Sol. Aunque haya sido la autora intelectual, se retracta de haberle gustado la fruta. No soporta ver a los de Feijóo coreando “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Que, con ayuda de su ingenio, el que aspire a la Moncloa sea él y no ella.
La entiendo. Y entiendo que todos los operadores que puedan hacer, estén haciendo, poniendo todo de su parte, queriendo ser decisivos, como Elon Musk cuando inyectó todo el dinero que hizo falta para ayudar a Trump a vencer a las encuestas. Y él lo nombró alto cargo en su Gobierno. Todo el mundo pasará la mano, pedirá su recompensa.
Lo entiendo, hay que contentar a muchos. En una campaña bien orquestada intervienen numerosos músicos, coros y solistas. Se oye hablar de togas, pero apenas de sotanas, y haberlas, haylas. Algunas son de curia de alta alcurnia. Está ese arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que se echó al susodicho, y llamó a la “reconquista” desde Covadonga contra la “gobernanza fallida” y la “pretensión marroquí” en Ceuta.
¡Pero Argüello!, ¡Argüello es mucho! El presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, entró a degüello cuando dijo que un Estado que “olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”, con la coartada de que era una cita de San Agustín.
Entiendo que la ciudadanía no esté en ninguna clave. Que la desinformación le haya fundido los plomos. Entiendo todo y no entiendo nada. Porque, seamos sinceros, la democracia es otra cosa. Y las maniobras de acoso y derribo con juego sucio ahora son más demoledoras que nunca, en la era del algoritmo. A Felipe González le hicieron su trama con periódicos de papel. Ahora, estas cosas se ejecutan en el ciberespacio. Y acaba de sumarse la inteligencia artificial. Dinamita pura.
Lo que está ocurriendo en España se parece al ciberataque del otro día por parte de ciertos agentes virtuales de una empresa de IA que se organizaron en los márgenes del sistema hasta tomar las riendas por la puerta de atrás.
No es ya el salto fronterizo de Ceuta, es la guerra híbrida en curso que tiene por objeto conquistar o destruir el poder de un país. Por las buenas o por las malas.

