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Edu Soto: “Mi única fórmula creativa es escapar de las fórmulas: no quiero hacer siempre lo mismo”

El actor, humorista y cantante barcelonés escenifica este sábado en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna su espectáculo 'Más vale solo que ciento volando. Revolution'
Edu Soto actúa este sábado en La Laguna. / DA

Edu Soto (Barcelona, 1978) visita esta semana Tenerife, donde el sábado, 5 de septiembre (20.30 horas), se sube al escenario del Paraninfo de la Universidad de La Laguna (ULL) con su espectáculo Más vale solo que ciento volando. Revolution, la tercera entrega de un proyecto escénico en el que conviven el monólogo, la comedia musical, la improvisación y la interacción con el público.

-Se presenta en Tenerife con ‘Más vale solo que ciento volando. Revolution’, un espectáculo con el que, de momento, cierra una trilogía. ¿Cómo ha ido evolucionando desde que lo escenificó por primera vez?
“Lo bueno de contar con un espectáculo propio es que puedes modificarlo de acuerdo con tus apetencias y, sobre todo, con las cosas que funcionan más o menos. Comencé con Más vale solo que ciento volando hace 14 años. Ha tenido idas y venidas, pero en estas tres últimas temporadas, cuando lo he hecho de forma más constante, ha crecido mucho. He ido descartando elementos que a lo mejor sí que funcionaban, pero quizás yo no me sentía demasiado cómodo. Es un traje a medida. De hecho, cuando te hacen un traje, tienes que ir al modisto y probártelo muchas veces antes salir a la calle con él”.

-¿Cuál es el desafío y qué es lo más estimulante de plasmar un ‘show’ en solitario?
“Más que un desafío, la cuestión es que la gestión del espectáculo recae sobre ti. Eso tiene cosas negativas, pero lo mejor es que tú llevas la cometa. No hay nadie que tire hacia un lado y te preguntes por qué lo ha hecho. Las decisiones las tomas tú y eso es algo, si te sientes en comunión con el espectáculo, que resulta muy bonito”.

“Crear un ‘show’ desde cero es como hacerte un traje a medida; debes probártelo muchas veces hasta sentirte cómodo”

-¿Y qué aprende cada vez que tiene la oportunidad de participar en un proyecto colectivo?
“Siempre se aprende, incluso en un mal proyecto. Esto lo echas de menos cuando haces un monólogo. Por eso a finales de año me enrolo en una función teatral junto a otras dos actrices. Si estás solo en el escenario aprendes, pero con otras personas ese aprendizaje no procede únicamente de la experiencia propia, sino también de lo que te aportan los otros. Esas enseñanzas resultan fundamentales”.

-¿Qué lugar ocupa la improvisación en un montaje como el que presenta en La Laguna? ¿Llega a convertir una función en algo distinto a la siguiente?
“No completamente diferente, porque se trata del mismo espectáculo, pero sí que los matices pueden cambiar muchísimo. Eso es primordial. Dependiendo de cómo estamos el público y yo, de cómo es el vínculo que hemos creado, en ocasiones he llegado a sentir que el show no funciona. Me desanimo y me cuestiono que a lo mejor mi propuesta no es tan buena como yo pensaba. Sin embargo, de repente, solo un día más tarde, de nuevo sobre el escenario, siento todo lo contrario. Y me pregunto, joder, ¿qué ha pasado? [ríe] Es un espectáculo en el que dependes mucho de la gente”.

-Uno de los aspectos que caracterizan su carrera artística es la capacidad para meterse en la piel de personajes más o menos reconocibles. ¿Cómo suele ser ese primer acercamiento a estos arquetipos?
“Lo primero es la observación constante. Me inspiro en la gente que me rodea y en la que me encuentro. Veo a alguien y a lo mejor me quedo embobado, y mi chica me dice: ‘Tío, deja de mirar a ese hombre que igual te va a decir algo’. Pero yo estoy fascinado. Ahí es donde empieza todo, en la observación”.

“Según estemos el público y yo, puedo sentir que un espectáculo no funciona y, al día siguiente, todo lo contrario”

-Cine, televisión, teatro… ¿Qué medio le atrae más y cuál le demanda un mayor esfuerzo?
“Todos requieren sacrificio. Cuando trabajo en uno, acabo saciado y me paso a otro. Al terminar de actuar en una película, no puedo pensar en la siguiente. De repente pienso en el teatro y siento paz. Y me digo qué bueno, voy a tener más tiempo para mí. Entonces, te metes con una obra de teatro y estás ocho meses con ella y acabas diciéndote que no puedes más. Las tres disciplinas tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. En mi caso, la suerte que tengo es que pudo ir alternándolas. Conozco a compañeros que solo hacen una cosa y les veo más angustiados”.

-¿Cómo suele ser el punto de partida para un nuevo espectáculo? ¿De qué modo se van integrando esas primeras ideas hasta construir un todo?
“Tengo un nuevo monólogo, que se titula Wanted (se busca), que estrené hace cerca de un año. La primera idea fue: quiero hacer todo lo contrario a lo que hago. Un espectáculo donde prácticamente no se improvise, donde haya mucha crítica social, donde haya un texto escrito muy meditado y donde me dirija un gran director. Cada nueva historia, al menos en mi caso, nace de una forma muy distinta a la anterior. Mi fórmula es escapar de las fórmulas: no quiero hacer siempre lo mismo”.

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