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el chasnero

El padre Teide resuella

Un informe publicado recientemente en DIARIO DE AVISOS por nuestra compañera Naira Hernández desvela que “el subsuelo de Tenerife lleva todo 2026 en movimiento bajo el Teide y las cifras acumuladas dibujan un año sin comparación posible”. Desde que el Instituto Geográfico Nacional e Involcan detectaron el primer enjambre sísmico bajo Las Cañadas con la red de vigilancia actual, el 2 de octubre de 2016, se han contabilizado dieciséis episodios de estas características. Más de la mitad se concentran este año. Y el Teide sigue ahí abajo respirando, crujiendo y moviendo las tripas.

Cuando leemos estas noticias conviene recordar que nuestro Archipiélago, de origen volcánico, se formó mediante la acumulación de materiales magmáticos sobre la corteza oceánica del Atlántico durante millones de años. Yo no soy vulcanólogo, pero ya digo que a un bicho de 3.715 metros que lleva siglos callado tampoco conviene tocarle mucho los cataplines.

El magma ascendió por fracturas del fondo marino y sus materiales se acumularon durante sucesivas erupciones submarinas hasta emerger. Tenerife comenzó a formarse a partir de tres macizos volcánicos independientes, Anaga, Teno y Adeje, que terminaron unidos por erupciones posteriores.

Para los chismosos y edadistas, siempre pendientes de las ropitas, los pelucos y otros cuentitos, recuerdo que -según la datación geológica oficial- Lanzarote tiene entre 15 y 17 millones de años; Gran Canaria, 14,6; Tenerife, 11,9; La Gomera, 9,4; La Palma, entre 1,7 y 2; y El Hierro, la jovencita, entre 1,1 y 2,2 millones. De acuerdo con la misma fuente, Fuerteventura, que tiene entre 20 y 23 millones de años, sería la mayor, y, teniendo las playas más bonitas del mundo, no faltará el tortolín que diga que se inyectó bótox.

Lo más acojonante es que todo esto lo hizo la naturaleza sin un solo expediente administrativo. El magma reventó el fondo del Atlántico, amontonó millones de toneladas de materiales y fabricó ocho islas. Hoy intentamos hacer un carril bus y necesitamos quince años, cuatro gobiernos, nueve recursos y la intervención de la Virgen de Candelaria. En otras palabras, la lava tenía menos estudios, pero muchos más huevos. Casi doce millones de años construyendo Tenerife y todavía no hemos terminado el puto anillo insular.

Entre los episodios recientes tenemos el Tajogaite, en La Palma, y la erupción submarina de El Hierro de 2011. Incluso yo recuerdo la del Teneguía, en 1971, cuyo resplandor nocturno divisé desde La Orotava cuando era un niño y estaba interno en el Colegio Salesiano. Antes de la sociedad de la información, cuando se apagaban los relatos orales se esfumaba una parte del pasado. Hoy la memoria permanece y podemos comprender mejor la huella de estos acontecimientos.

Con excelente criterio, Naira explica por qué no se ha activado el semáforo volcánico. El IGN insiste en que estos episodios no aumentan el peligro de erupción a corto plazo y dispone en Tenerife de más de cien estaciones, equipos y puntos de muestreo para seguir en tiempo real la sismicidad, deformación y geoquímica. Hoy se cuentan 4.700 microterremotos porque tenemos más medios para detectarlos. Lo importante no es que el Teide tiemble, concluye, sino saber cuánto, dónde y por qué.

Así que tranquilidad. El Teide no ha pedido todavía permiso para reventar, ni hay que meter las mudas en una maleta, bajar corriendo por la TF-1 y acabar todos atascados en Güímar huyendo de una erupción que no existe. El Padre está vigilado hasta cuando se tira un gufo. Más de cien estaciones saben si respira, se jarta, está tullido, resuella, resopla o se pone jocicudo. Si algún día el cabrón decide ponerse serio, probablemente nos enteraremos con tiempo. Otra cosa será evacuar Tenerife: con las colas que tenemos, como el Teide no nos conceda un par de meses de cortesía, nos cogerá la lava entullados en el piche.

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