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Jackson Hole

Siempre ha despertado mi curiosidad e incluso hasta cierta admiración y perplejidad el Foro Económico de Jackson Hole, desde que me dedico a la observación de los mercados financieros desde 1990, cuando aún daba mis primeros pasos, a tiempo parcial, y compartiéndolo como mi oficio, en el apasionante y proceloso mundo bursátil. Aquellos comienzos cuando todas mis modestas operaciones eran a contado, dado que aún estaba en ciernes en España el negocio de los contratos por diferencia o conocidos como CFDs sobre productos cotizados. En 2015 tuve mis primeros escarceos con la negociación o el trading, con resultados dispares, todo hay que decirlo. Fue entonces cuando me fijé en esa reunión de los gobernadores de los principales bancos centrales, ministros de economía y finanzas, economistas y grandes empresarios y pude percatarme de su gran influencia en la gestión de la política económica de los países desarrollados y emergentes: Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, y la Unión Europea, por un lado, y la India, Rusia, Brasil Singapur, Corea del Sur, entre otros. El foro financiero de Jackson Hole, que fue creado en 1978, por iniciativa de la Reserva Federal de Kansas City, se reúne cada año a mediados del mes de agosto en Wyoming, y aunque no se toman decisiones, si tiene una gran influencia, a posteriori, sobre las políticas monetarias en una economía globalizada e interconectada, hasta el punto de provocar oscilaciones violentas en los mercados financieros en función de las declaraciones o noticias que surjan en su seno, que pude ver en tiempo real frente a los gráficos. La reunión de este año, pese al debut del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Kevin Warsh, al que se aguardaba con expectación, parece haber transcurrido sin pena ni gloria y con escaso ruido en los mercados, que entrelazan nuevos máximos históricos, en comparación con pasadas ediciones de ese foro. Al menos, no se registraron correcciones abruptas como las acontecidas durante el mandato de Jerome Power al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El flamante presidente de la Reserva Federal estadounidense, Kevin Warsh, que goza del favor de la administración Trump, tiene ante si un escenario económico complicado, con una escalada de los precios y, por ende, de la inflación, y la elevada deuda pública del país, que sitúan en los 40 billones de dólares, unas 25 veces más que la que soporta España, en torno a 1,6 billones con respecto a su Producto Interior Bruto (PIB). No sería descartable una subida de tipos de la FED en el último trimestre de este año, aunque no le agrade a Donald Trump.

Con ese panorama, a corto y medio plazo, solo cabría esperar un severo ajuste en las cotizaciones bursátiles y de los bonos, un retorno a las políticas monetarias restrictivas o subidas progresivas de los tipos de interés para controlar la inflación. Ya lo hemos notado la semana pasada con significativas fluctuaciones bursátiles a la baja, con un precio del crudo por encima de los 107 dólares por barril, como consecuencia del recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán en el Estrecho de Ormuz y el reciente corte de parte del suministro de crudo por parte de Arabia Saudita, después de haber sufrido un ataque contra una de sus plantas de producción.

El Banco Central Europeo movió ficha, como han previsto los analistas, al subir los tipos de interés un medio punto hasta situarlos en el 2,5%, lo que implica un endurecimiento de la política monetaria para controlar la inflación, ya por encima del 3%. Y es que el escenario geopolítico actual no invita al optimismo económico, aunque los mercados parecen ir a “su bola”. Confiemos en que la bola no reviente.

*Periodista en la reserva y escritor

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