por qué no me callo

La guerra que Rusia nos tiene guardada

Desde hoy, esta es la semana del debate general anual de la ONU en Nueva York, donde interviene Sánchez como un rara avis, el único socialista entre las potencias europeas. Pero, además, esta semana, Europa se mira al espejo y contempla el destino que le aguarda.

Según publicaban ayer varios medios internacionales, a raíz de un informe aparecido en The Guardian, los servicios de inteligencia de la UE avisan de un ataque ruso a la OTAN “en meses, no en años”.

Estamos a las puertas del tan cacareado conflicto armado con Rusia. Putin lo niega, como hacia en febrero de 2022, días antes de invadir Ucrania. Un alto cargo del Gobierno francés asevera: “La amenaza es real, está documentada”.

Más allá de los Pirineos ya nadie se llama a engaño, pero en España vivimos de espaldas a la realidad. Nuestro problema ceñudo se llama Ceuta, y, como un escarnio a la crítica situación de Europa, los partidos conservadores españoles alimentan, a corto o medio plazo, otro foco, con Marruecos.

Suenan tambores de guerra porque Rusia pretende socavar el apoyo europeo a Ucrania y poner a prueba el precepto de defensa colectiva de la OTAN. Esta guerra, en su quinto año, se agravó el domingo, tras un ataque de Kiev con drones contra la principal refinería de Moscú. El encuentro, el mes pasado, del director de la CIA con los servicios secretos rusos se debía a la sospecha de esta rumoreada ofensiva rusa contra la OTAN y, de paso, según se especuló, al eventual uso de armas nucleares tácticas.

Este viernes, Francia, que es una potencia nuclear, celebró una cumbre de fuerzas políticas y servicios de inteligencia en la subterránea Sala de Crisis del Eliseo. El presidente Macron informó del umbral por debajo de una guerra abierta en el que estamos.

El flanco este de la OTAN está en alerta máxima. El canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro polaco, Donald Tusk, se muestran seriamente preocupados. Alemania acusa a Rusia de un ataque con drones en Leipzig. Varsovia se considera, junto a los países bálticos, la diana prioritaria de Moscú. Reino Unido, también potencia nuclear, está sobre aviso; la Royal Navy vigila de cerca a la flota en la sombra de Putin.

Algo se ha roto de verdad, más allá de la matraquilla europea de que viene el lobo ruso. El mundo no está bien, vive con el corazón en la boca pendiente de Ucrania y de Irán, dos guerras que amenazan con globalizarse. El sábado, Trump estaba en Camp David y regresó antes de tiempo a la Casa Blanca, porque los hutíes bombardearon Riad (Arabia Saudí). Ahora se recrudecerá la guerra en Oriente Próximo. Ah, esta es la vida que llevamos.

Corren malos tiempos para la lírica. Y en España no se nos ocurre sino encender un nuevo foco en la frontera sur de Europa. La oposición considera que es una buena idea, al menos electoral, a raíz de la crisis de Ceuta. ¿Pretender un enfrentamiento, a corto o medio plazo, con Rabat no es un despropósito en el actual contexto? Marruecos se ha apresurado a estrechar lazos con EE.UU. e Israel, sus dos principales proveedores de armamento. No hace mucho, ensayó un misil americano en Tan-Tan, frente a Lanzarote. Si Europa estalla, acaso cruce la línea roja y dispute la soberanía de las ‘plazas’, con el respaldo de sus poderosos avales contractuales. Eso propone ya el escritor franco-marroquí Tahar Ben Jelloun (premio Goncourt en 1987), que, dolido con la derecha española, escribe en El País que “la colonización ya no tiene sentido”.

Avivar ese fuego parece una apuesta de aprendices. Las urnas alemanas están dando lecciones anticipadas del mundo que asoma. Ayer, Feijóo llevó al líder del PPE, Manfred Webber, a su Ceuta en llamas. Webber es un democristiano bávaro en horas bajas tras los varapalos a la derecha alemana estos días por parte de la Afd, la ultraderecha neonazi. Hemos visto que crece la derecha radical, pero también la izquierda en una Alemania que se rearma frente a Rusia. La que baja es la derecha tradicional, CDU/CSU, la de Webber, el aliado del PP.

¿A qué estamos jugando, a dos pasos de Canarias? La oposición esgrime el artículo 8 de la Constitución, como si apelara a un combate con Marruecos. Ceuta es un “escenario de guerra”, afirma en Bruselas el eurodiputado jefe de Vox, Jorge Buxadé. El PP alardea de querer romper el tratado euromediterráneo de asociación con Marruecos, la mejor ocurrencia para la estabilidad de este volcán migratorio. Nominar a Ceuta entre lances con Rusia a orillas de la OTAN es una chaladura de petimetres.

A Canarias maldita la gracia que nos hace un escenario de llegada masiva de pateras por culpa de una coalición de partidos que reprime las derivaciones y aquí abajo ve un perfecto pandemónium. Y, a su vez, volver a las malas de los mapas con las islas en el Gran Magreb.

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